[Rec] en Sitges. Experimenta las náuseas

Sitges dio por concluido su Festival la semana pasada conmemorando su 40 aniversario. No soy especialmente fan del fantástico ni me entusiasman particularmente los festivales cuando asisto como público de a pie, pero tengo que decir que para ser la primera vez que acudí, dicho evento me dejó muy buen sabor de boca a pesar de haber asistido solamente a un par de pases. Una de las razones se debe al comprobar la masiva presencia de films patrios por directores principiantes que venían a presentar sus obras, algo que a priori refleja la confianza que se va depositando en los jóvenes cineastas augurando renovadas esperanzas para nuestro cine en el futuro.

Títulos como La Habitación de Fermat de Rodrigo Sopeña y Luis Piedrahita, El Rey de la Montañade Gonzalo López Gallego, la animación de Nocturna de Adrià García y Víctor Maldonando, Aparecidos de Paco Cabezas (autor del cortometraje Carne de Neón con Jaenada y Victoria Abril y al que por cierto noté bastante emocionado por la recepción del público), son baluartes en los que nos toca confiar en lo que al fantástico patrio se refiere. Otro importante motivo de mi buen estado anímico a mi paso por el Festival se debe a mi reencuentro con uno de los “bloggeros” de moda y celebrado cortometrajista, el cántabro Vigalondo, del cuál se esperaba con bastante ansiedad – y yo el primero- su primera incursión en el terreno de los largos; Los Cronocrímenes. De su obra y de mi charla con Nacho hablaré en la segunda parte.

El primer fin de semana me metí en la proyección de [Rec], film que por cierto se ha llevado dos premios; uno al de mejor dirección para el dúo Balagueró – Plaza, también co directores del documental OT La Película, cuando el programa televisivo se empezó a convertir en la gallina de huevos de oro. Y otro para el de su actriz protagonista, Manuela Velasco, que interpreta muy decentemente a una irritante y cursi reportera de programas realityshow. De Balagueró he seguido su trayectoria desde su debut con Los Sin Nombre pasando por Darkness hasta llegar a Frágiles sin olvidar su TV movie Para entrar a Vivir de la que prefiero pasar de puntillas. Estos tres trabajos para la gran pantalla los considero que están muy bien realizados dentro de su género con una notable factura de producción. De Paco Plaza he visto más bien poco, sólo su también TV movie, Cuento de Navidad que me pareció correcta aunque su mayor defecto lo encontré en el casting; tengo pendiente su ópera prima El Segundo Nombre que no cosechó malas críticas y Romasanta que me recuerda vagamente a otra producción gala de look similar, El Pacto de los Lobos.

Pues bien, a pesar de tener buenos alicientes para disfrutar del miedo en ésta cinta del dúo Balagueró-Plaza, amigos tengo que confesar que no enganché con éste Blair Witch Proyect en la Eixample Barcelonesa. Y mira que me dio rabia. No considero que sea una mala película, de hecho comienza muy bien y avalo la propuesta de no concebir música ni excederse en el uso del montaje, pero demasiados elementos para crear terror – vivienda antigua y oscura, zombis rabiosos, cámara en mano, gritos, aumento de decibelios con intención de asustar al personal, monstruito en digital – y constantes referentes mil veces vistos en filmes de este género saturaron por completo el efecto sorpresa que se pretendía crear como si “obligaran” al espectador a tener miedo. Los actores tampoco contribuyeron a que me metiese en la historia con sus diálogos clichés, chillidos y aspavientos y sus deliberadas intenciones por hacerse graciosos en determinados momentos. Y no creo que tenga mucho que ver que la mayoría de actores fuesen no profesionales. Supongo que la improvisación de la que gozaron en el momento de crear sus personajes condicionó los arquetipos en cada uno de ellos. Tampoco entendí muy bien la historia junto con la resolución final (si es había algo que entender) donde se pretende aclarar los misterios acerca de una niña portuguesa, el origen del virus y de cómo llegó a los inquilinos del edificio.

El objetivo de crítica mordaz contra el poder de la tele para crear realidad me parece justo e interesante pero desde mi punto de vista se queda en una superficie plagada de efectismos, donde el poder de la imagen como herramienta sugerente podía haberse explotado mejor.

Eso sí, la apuesta experimental me ha parecido arriesgada y valiente y la peli en general ha gustado entre el publico “festivalero” además de haberse visto galardonada por los premios. Pienso que constatándo la campaña que la distribuidora Filmax va preparando, la peli hará dinero. Por cierto, los americanos ya preparan un remake ambientado en la ciudad de Los Ángeles.

Por otro lado debo de confesar que el film pudo haberme afectado por otras razones más bien personales; el continuo mareo y calores que me invadieron durante la hora y media de película, debido a los constantes movimientos de cámara. Pude tomarme un respiro en aquellos momentos en que la pija reportera entrevista a los vecinos encerrados en el edificio, escena que intenta arrancar la carcajada nerviosilla del espectador -otro elemento artificial más que se quiere añadir a la atmósfera del film- pero inmediatamente después me sumergí en un mar de movimientos de cámara al hombro que mi cabeza no pudo seguir con tranquilidad. No es la primera vez que me pasa. La misma El Proyecto de la Bruja de Blair, Irreversible y la reciente El Ultimátum de Bourne me han creado náuseas parecidas. Tendré que ir pensando en ir al médico o sólo me acostumbraré demasiado pronto al cine pausado y contemplativo de Bergman.

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