¿Quién no es cobarde?

Cobardes, solo por el mero hecho de poder repetirse en varias ocasiones este calificativo que sirve de título a este film, vale la pena visionar el último trabajo de Corbacho y Cruz después de Tapas. Poder admitir y reconocer lo poco valiente que somos es algo que deberíamos manifestar con más frecuencia a la vista de como se desarrollan la relaciones personales en la sociedad en le que vivimos. Me da que el señor Sánchez Arévalo irá también algo encaminado con su siguiente film en fase de rodaje: Gordos, contundente títulos lleno de matices y connotaciones, que puede resumir en una idea o palabra la cierta falta de personalidad de los individuos.

Vale que la peli no es redonda, ni muchísimo menos, pero oye su temática es necesaria y arriesgada. Aunque muy bien filmada, es más que probable que por el peliagudo y serio tema de actualidad que trata, se puede llegar a notar que los directores no se hayan implicado más fondo en este proyecto de encargo.

Los actores están correctos, incluidos sus dos jóvenes protas, y sorprenden para bien y para mal, Paz Padilla y Antonio de la Torre respectivamente. Posee un par de escenas muy sugerentes en donde el terror y el miedo cobra otra forma en el entorno juvenil. Llama la atención lo cruel que puede llegar a ser un niño y sobre todo no encontrar ninguna razón aparentemente sencilla al por qué de su sádica violencia.

Se podría haber ahondado más en las figuras de cada uno de los personajes, en sus inseguridades, temores y su posición a la hora de enfrentarse a los problemas, pero claro esto hubiera dado por lo menos para un par de películas más.

Posiblemente la fotografía y un cuidado más determinante al casting hubiera podido dotar al film de una mayor dureza y veracidad en algunas de sus secuencias. Me imagino lo que podrían haber hecho los hermanos Dardenne, Loach o Frears con este material en sus manos.

De todas formas, Cobardes es llevadera, está narrada con coherencia y de forma digna. Aplaudimos la apuesta llevada a cabo por parte de sus directores aunque el tratamiento no haya sido tan sólido como se esperaba de ella. Eso sí, una bonita llamada de alarma al subconsciente de los ciudadanos acomodados en un mundo paradójicamente más inseguro a pesar del desarrollo de las comunicaciones. No viene mal recordarnos de vez en cuando lo cobardes que somos.

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