¡No Indy, no! Pero ¿qué te han hecho?

Vamos a ver, no es que Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal sea una mala película, pero no se puede hablar de este héroe de la gran pantalla del siglo XX, como simplemente un personaje de una película de aventuras. El arqueólogo más famoso del mundo nació y creció con una generación y una época muy determinada en dónde el concepto del cine de entretenimiento tuvo un importante punto de inflexión en cuánto a manera de narrar el espectáculo se refiere, convirtiéndose en un icono y referencia del cine de evasión. La última entrega tan esperada por la gran mayoría de fans, es un film en el que simplemente aparece el personaje de Indiana Jones interpretado por Harrison Ford, careciendo totalmente del “alma” impregnada en la trilogía de los 80. Eso sí, nuestro héroe sigue igual de inconfundible que siempre. El sello de la película no.

 

Vale que los tiempos han cambiado, vale que la manera de contar la historias también, vale que ahora estamos en los años 50 y existen otros temores para la sociedad occidental, vale que los años no pasan en balde para Indy, pero no intentar respetar un mínimo el espíritu fiel a de la saga anterior, el espíritu romántico y aventurero, el toque místico que envuelve la trilogía y sobre todo esos guiones que tan bien se trabajaron en su momento; por favor recordemos a sus responsables por orden de entrega: Lawrence Kasdan, Gloria Katz & Willard Huyck y Jeffrey Boam. es una falta de respeto, considerable sobre todo viniendo de sus propios autores.

 

Esa fotografía de Douglas Slocombe en detrimento de la colorida labor de la luz de Janusz Kaminski es uno de los puntos que más me distancia de ésta última entrega con respecto a sus predecesoras. Tampoco me creo que viajemos con Indy a diferentes rincones del mundo en busca de algo que ni siquiera me interesa conocer más en profundidad, ya sea un Arca, unas piedras sagradas o un Grial. Tengo la sensación de que no nos hemos movido de los estudios de Hollywood más por razones de pereza, ganas de estar cerca de la familia y ansias por obtener un resultado inmediato, que otra cosa. Antes no sólo Indiana tenía que desplazarse hasta El Cairo, Marruecos, India o Nepal si no que el mismo equipo de producción viajaba con como si el rodaje de le película fuese una aventura ya de por sí. En ese sentido, si que los tiempos han cambiado: ¿Para que desplazarse si lo podemos crear todo en digital? Y que me dicen de esos famosos prólogos con sabor a James Bond en los que nos enganchábamos con nuestro héroe al final de otra de sus anteriores aventuras. Ni rastro. Todo va mucho más rápido, incluso en los títulos de créditos iniciales cuando el logo de la Paramount se solapaba con uno de los primeros fotogramas del film, deleitándonos con el inicio del tema musical y apreciando la excelente fotografía – sobre todo en la primera y tercera – para ir entrando poco a poco en la historia (en el Templo Maldito se lo podemos perdonar por el pequeño guiño de Spielberg hacia el género musical al que siempre ha manifestado su adoración).

 

Estoy de acuerdo, Cate Blanchett es además de bellísima una estupenda actriz, pero tampoco me la creo en su papel de la agente soviética Irina Spalko. La ironía del francés Belloq me resultaba mucho más maquiavélica, secundado en ocasiones por el inquietante Major alemán Arnold Toht  claramente inspirado en Peter Lorre; el culto satánico liderado por Mola Ram en el templo de los sacrificios es una clara ambientación del Infierno, que por cierto me ocasionó pesadillas durante mi infancia, y finalmente el personaje de Donovan roza la ambición y crueldad absoluta alcanzando su máxima cuando dispara con total frialdad al padre de Indy, interpretado por un inolvidable Sean Connery.

 

Son tan malvados que se enfrentan al poder de Dios, no tienen reparos en esclavizar a niños y dejar a un pueblo en la más absoluta miseria y desafiar las pruebas del Topoderoso para conseguir la vida eterna.

 

Ni siquiera me voy a extender en criticar el ridículo final Expediente X, ya que creo que a esas alturas de la película, la confusión y decepción es tal que uno ya ha asumido que el proyecto se le ha ido de las manos a sus creadores y lo único que se espera es que por lo menos tenga un epílogo digno; y sí, se agradece el guiño a una más que posible continuación aunque el resultado final resulta ser entre ridículo y nostálgico.

 

Indy, gracias a Ford, sigue siendo Indy, gracias a Dios, pero lo que los señores Spielberg y Lucas nos han traído es simplemente una película de aventuras y no podemos salir diciendo que está bien porque es entretenida… señores no podemos ser tan condescendientes con lo que se nos vende y ofrece. Estamos hablando de profesionales en el arte del espectáculo con mucha experiencia a sus espaldas como para embarcarse en un reto como este y hacer un film de aventuras más. Si seguimos siendo tan poco exigentes y conformistas incluso con el cine de aventuras, destrozarán a nuestros héroes que nos hicieron soñar y sentir la pasión por la cine.

 

Indiana Jones y el  Reino de la Calavera de Cristal ha sido una decepción profunda, una de esas en las que vale la pena pararse a reflexionar porque suceden estas cosas. Pero no desesperemos todavía, seguro que alguna sorpresa llegará en cuanto a respeto por las secuelas de personajes emblemáticos de la gran pantalla se refiere. Y si no esperemos unos meses sólo, ya que intuyo que la encontraremos en otro de los estrenos más esperados de lo que va de año; la segunda parte de Batman Begins: El Caballero Oscuro de Christopher Nolan.

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