JJOO China 08: Final antológica, guión de cine.

Domingo 24 de Agosto. Si no recuerdo mal creo que mi despertador sonó cinco minutos antes de las 8h30. Me costó poco levantarme, son aquellos días en los que sé que son especiales y por los que el madrugón vale la pena.
Podía quedar la pequeña duda de si el correctivo de los favoritos al metal de oro, pudiese volver a repetirse, pero sabía que los chavales no podrían caer tan bajo como les sucedió días anteriores y sacarían a relucir su orgullo. Estar en una final, enfrentarse por segunda vez eran alicientes como para saber que veríamos algo diferente.

Y la pelota se puso en juego. No fue consciente de la nube en que estaba subido hasta que desperté a mi compañero de piso que me miró entre desconcertado y molesto por ser el causante de su temprano despertar. Aunque esto sucedió cuando el partido llevaba transcurrido algún tiempo. Durante todo ese momentos me dediqué a disfrutar a saborear y a no perder detalle de cada una de las jugadas de uno de los partidos que seguro permanecerá, al igual que la final de Barcelona 92, en mi memoria televisiva de grandes competiciones deportivas.
Me invadía una sensación de orgullo, privilegio por lo que estaba presenciando y sabor agridulce. Una sensación de emoción controlada y sorpresa por lo que estaba presenciando.

Y reflexionando y analizando tuvo que remitirme a mi otra gran pasión: la cinefilia.
Al igual que los grandes guiones cinematográficos, me di cuenta que lo que importaba no era llegar al final para desvelar quien sería el ganador, que ya estaba prácticamente cantado, si no en ver como se desarrollaba la historia, la trama, los puntos de inflexión del mismo, el ritmo trepidante, y ver cuáles serían los elementos narrativos que nos harían vibrar con el espectáculo, presenciar unos actores que lo estaban dando todo en la cancha, que estaban dispuestos a darnos espectáculo y sobre todo a dejarnos claro que por muy obvio fuese el final, la conclusión del mismo podría ser de infarto.

Siempre he defendido la idea de que en ocasiones lo esencial no es saber el final de una historia, ni la premisa argumental, para poder apreciar y valorar la calidad de una obra, si no en cómo se van hilvanando los acontecimientos y cómo ésos nos van haciendo sentir, disfrutar, desconectar… que estamos antes algo grande sin ser conscientes hasta su hipotético final.

Los días posteriores fueron momentos de introspección, de sentimientos encontrados, de satisfacción plena; los mensajes de superación personal y espíritu competitivo que nos supieron trasmitir estos chicos a los que les vengo siguiendo fielmente desde el Europeo del 2003, me llegaron de forma trascendental y me hicieron aún más si cabe disfrutar y soñar de la magia del baloncesto.

Creo que entrar a recordar con detalle cada jugada y su autor sería innecesario, los que encendimos el televisor, lo vimos y discutimos: el desparpajo de Rubio, el par bien puestos de Rudy ante Howard, la solidez de Gasol, la muñequita de Wade, el triplón de Bryant, el resurgir de Navarro, los fallos arbitrales, los pasos americanos… Ah sí al final ganaron los americanos . Pero después de visto lo visto ¿de verdad que eso importa?

Como dijo el Sr Keating a sus alumnos puestos de pie para despedirse, en la última secuencia de la película El Círculo de los Poetas Muertos: Gracias señores, gracias.

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