La curiosa perfección de Benjamin Button

Desde que me enteré de la noticia de que se llevaría a cabo la adaptación de la novela corta de F. Scott Fitzgerald de El Curioso Caso de Benjamin Button, mis expectativas han ido in crescendo, sobre todo cuando se empezaron a desvelar los detalles de quién se pondría detrás de las cámaras y quién sería su protagonista. Por lo visto de esto hace ya bastante tiempo, y viendo el resultado en pantalla se entiende que se haya tardado tanto tiempo en estrenarse esta lujosa superproducción. La fotografía, la música, la caracterización de los personajes acorde con cada una de las épocas en las que trascurren las acciones, los asombrosos efectos especiales, el diseño artístico, etc. todo está cuidado y estudiado con sumo detalle y de forma impecable para conseguir ser LA gran producción que abarque todo tipo de público. Su tono, épico melodramático está conseguido al milímetro para atraer al mayor número de espectadores posible a las salas. Y pienso que ahí podría radicar uno de los grandes detalles que restan toda la fuerza e intensidad que se le podría haber dotado más aún si cabe, al filme. Su perfeccionismo se resalta tanto que a veces da la impresión de que nos encontramos ante una obra distante, bonita sí, pero realizada con cierta frialdad como para conmovernos por esta relación romántica que dura al paso de los años.
Puede también que la duración sea algo excesiva, para centrarse sobre uno de los temas transcendentales en la historia del hombre; la fugacidad de la vida y la relatividad del tiempo. El famoso corto La Ruta Natural de Alex Pastor, ¿no trata un tema parecido?
Si es verdad que bebe de ciertas fuentes populares como Forrest Gump, Amélie, Largo Domingo de Noviazgo, Big Fish, -ésta última tocándome mucho más mi fibra sensible-. Pero eso no es algo negativo si lo que te están contando te resulta coherente y visualmente atractivo.

Fincher es de aquellos directores artesanos respetados y respaldados por la industria que no dudan de vez en cuando en aventurarse en contar historias arriesgadas, moviéndose en ocasiones en la línea de films de autor.  Me vienen a la cabeza el caso de Michael Mann o Steven Soderbergh, Christopher Nolan y por que no, Bryan Singer. Al igual que le pasó a Scorsesse con Infiltrados, David Fincher ha tomado las riendas de un filme con todas las de triunfar para obtener el respaldo definitivo de la industria norteamericana. Yo me quedo con el provocador, sugerente, transgresor, desconcertante y si es verdad en ocasiones algo videoclipero estilo, de sus anteriores largometrajes de los 90: Alien 3, Se7en, The Game o Fight Club,

De todas maneras purifica ver en pantalla grande un film limpio y “bonito”, con un equipo muy profesional y la altura de las circunstancias, tratando de hacernos llegar un mensaje universal. Una historia que no creo que quede en los anales de la cinematografía, pero que demuestra el potencial técnico y artístico de una industria que no conoce crisis.

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