Los Abrazos sensibles y sugerentes de Pedro

Confieso desde ya que los trabajos de Almodóvar me han decepcionado en muy pocas ocasiones. He visto prácticamente toda su filmografía y existen muy poquitas películas con las que no haya disfrutado. Me viene rápidamente a la cabeza La Mala Educación la cual considero que tiene un arranque muy prometedor pero va perdiendo fuelle al poco tiempo y me dejó totalmente frío. De esto hace exactamente 5 años en los Cines Diagonal de Barcelona a los pocos días de su estreno nacional. El destino quiso que repitiera lugar en fechas muy parecidas y en la misma sala. Puedo decir que la experiencia fue muy diferente.
A los 15 minutos del comienzo de Los Abrazos Rotos, me sentí cómodo, tranquilo, entretenido con ganas de conocer el discurrir de los personajes, los cuáles no son retratados con especial atención, aunque conservan las pinceladas suficientes de personajes almodovarianos. La fotografía del nuevo fichaje de Pedro es uno de los grandes aciertos, Rodrigo Prieto consigue dotar cada una de las imágenes de una calidez sutil y compleja, olvidándote por completo de la luz trabajada de las imágenes.
Nos encontramos con historias entrecruzadas, de pasiones, amores y celos, donde todos casi todos sus personajes van desvelando sus secretos causando las desdichadas consecuencias correspondientes. No es un guión donde se conciba las emociones en su grado más intenso como en Todo sobre mi madre, Hable con Ella o Volver, cuyo desenlace y resolución de los entramados son los elementos donde el espectador fija más su atención. Pero es un thriller que no aburre, que te gustaría que no acabase, narraciones y relatos bien hilvanados a pesar de la complejidad de su estructura.
Se aprecia que los actores se exigen al máximo aún siendo conscientes de sus posible limitaciones y sabiendo que ponerse en manos del director manchego no hay tregua, ni lugar para la autocomplacencia.
Almodóvar al igual que el señor Eastwood, ahora muy de moda gracias a su Gran Torino, es de los pocos artesanos que maneja una historia desde su origen siguiendo hasta el más mínimo detalle en sus respectivas fases de creación, producción, post producción y en el caso del manchego aún más, de promoción. Autores, artistas y narradores de historias desde las tripas, el corazón, pensando en la audiencia del celuloide pero sin dejar de lado su sello personal y su calidad de realizadores arriesgados y reivindicativos. Cineastas que sea cual sea la obra que tengan entre manos, los espectadores merecen pagar una entrada e invertir un par de horas de nuestro tiempo. Nos gustará más o menos, pero lo que nunca se le podrá achacar es que son exponentes máximos de la industria cinematográficas, clásicos de nuestra cultura del siglo XX e inicios del XXI.

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