El Último Gran Héroe Americano

Hacía tiempo que no derramaba alguna lagrimita en una sala de cine. Lo inusual se produjo durante el visionado de la obra que nos acaba de traer este veterano pedazo de artista con celuloide en sus venas que gracias a dios todavía perdura en nuestra cinematografía. No sé si fue por nervios, por emoción, por simple y puro disfrute, por presenciar una historia que me llenaba y entretenía, por sentirme en muchas ocasiones más que identificado con ciertos personajes del film, el caso es que la realización de este Eastwood es un prodigio de narración, contención, puesta en escena y guión.
Gran Torino roza la perfección en prácticamente todos sus aspectos fílmicos, nos adentramos en una historia desde el primer minuto del metraje sin perder tiempo, sin escatimar detalles. La presencia del gran Clint contribuye a la creación de un personaje complejo, huraño, sensible sin pecar en ningún momento en el cliché o estereotipo de viejo malhumorado con corancito de oro. Hay un nuevo vaquero en la ciudad podría rezar el cartel publicitario. Se nota que los años que estuvo a las ordenes de grandes directores como Don Siegel o Sergio Leone le han curtido.
Si, es verdad que el argumento del film no rebosa originalidad, la relación entre un adulto gruñón y el joven que le despierta simpatía, en este caso una pareja de hermanos de la comunidad hmong que le ayudan poco a poco a olvidar sus prejuicios raciales, pero ahí reside la maestría de su director, ya que logra transmitir una gran variedad de sensaciones a partir de pequeños matices y sutilezas.
Temas candentes y trascendentales como la vejez, el perdón, la redención, las relaciones familiares, la juventud desorientada, la mezcolanza cultural de los Estados Unidos… Eastwood los toca con suma maestría lo justo para darnos toques de atención pero sin caer en sentimentalismos ni demagogia barata. Todo ello con un Mcguffin de fondo, un automóvil Gran Torino del 72 que cuida su dueño como su bien más preciado, una carrocería que bien podría representar el alma del protagonista, un modelo posiblemente pasado de moda pero que se mantiene como un emblema, un escudo, un símbolo de fraternidad, de clasicismo y poderío del protagonista que a pesar todo se mantiene firme e imponente al paso de los años.

Por cierto, puede que sea una mera coincidencia, pero creo que los protagonistas de ésta historia y la relación que nace entre ellos puede guardar ciertas reminiscencias con la nueva creación de Pixar UP! de próximo estreno mundial

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