El Maldito del Bastardo que siempre hace lo que quiere.

Qué gozada, qué disfrute, que deleite visual y sensorial. Esto sí que es cine, sentarme en una butaca y dejarme llevar por las imágenes salidas de la mente de un señor inspirado que ama constantemente lo que hace y que lo proyecta en una pantalla plagada de guiños cinematográficos al servicio, creo yo, del goce de mentes cinéfilas.

Vale, puede que se note con descaro que sea un film hecho por y para judíos, puede que en ocasiones sientas que carece de cierta trascendencia que no se notaba en sus anteriores películas, pero sus ingeniosos diálogos siguen igual de frescos, sus giros imprevistos al final de sus secuencias, aspectos técnicos sumamente cuidados y para colmo un soberbio Christoph Waltz, un desconocido actor austriaco para el gran público y que con su interpretación del Coronel Hans Landa pasa a engrosar la última lista de moda sobre famosos villanos del celuloide, donde acaban de inscribir su nombre Heath Ledger y Javier Bardem.

Bravo a Quentin por respetar las lenguas originales de sus protagonistas, desgraciadamente este pequeño detalle de visionar las películas en versión original pasará por alto para cierta parte del público en España. Escuchar con que fluidez y agilidad se alternan los diferentes idiomas en una misma secuencia supone un gran logro así como un placer sonoro raramente visto en películas norteamericanas.

Violencia justificada, sí gracias. Si es homenajeando algún que otro clásico mejor que mejor.

Por primera vez, un personaje interpretado por Brad Pitt me hizo reír a gusto. No, no me gustó nada en Burn After Reading, de hecho la película la encontré bastante floja, pero aquí tiene unos puntos muy buenos sobre todo en la escena en la que se hacen pasar por italianos.
En cuánto a Eli Roth,  aunque lo encontré bastante mediocre como actor, me hizo bastante gracia que su colega Quentin le ofreciese el papel del sanguinario sargento Donny Donowitz, que en cierta manera le viene como anillo al dedo cuando piensas que es el responsable de  Hostel I y Hostel II, que obtuvieron un notable éxito dentro de su género “porn-gore”.

Tarantino es una marca sin duda alguna dentro del séptimo arte, una referencia para entender la evolución de la violencia en el Cine de las últimas décadas. Un señor que disfruta haciendo trabajo y al que por lo visto le dejan hacer cómo quiere y cuando quiere, o bien, cuando puede. Un cineasta que gustará o no pero al que es inevitable quitarle el mérito de lograr una empatía con toda clase de público.

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