Midnight in Paris, un homenaje al Arte y al amor por la vida

 

No deja de sorprenderme el ritmo de trabajo de éste señor que prácticamente a peli por año, nos trae una obra suya donde casi siempre suele convocar a un variado y ecléctico reparto.  Es curioso, a pesar de que sus personajes y temáticas guardan muchas similitudes, últimamente los escenarios donde se desarrollan la acciones, resultan ser de lo más variados habiendo dejado hace ya unos años su compromiso con su Nueva York natal.

 

 Aprovechando la calurosa acogida del público europeo y las generosas subvenciones que recibe a cambio de promocionar la ciudad en cuestión, Woody no duda en representar sus guiones en Londres, Barcelona, Paris (por cierto en breve comenzará su rodaje en la capital italiana) como telón de fondo. Conscientes sus inversores que las películas de este genio gozan de gran popularidad a este lado del Atlántico, hay que reconocer que la jugada le ha salido perfecta y en este caso parece que todos salen ganando. Por un lado las pelis de Woody dan trabajo a una parte del equipo de rodaje local contribuyendo de esa manera a generar industria  y al mismo tiempo su director puede contar las historias que le da la gana siendo la mayor parte de ellas rentables.  

 

 En este caso Woody toma rumbo a la capital del Senna para contar una historia donde a través de su protagonista nos sumergirnos a partir de las 12 de la noche, cual efecto mágico de cuento de hadas, en una fantasía melancólica llena de referencias artísticas y reflexiones filosóficas sobre el paso del tiempo poniendo en cuestión la típica frase de “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

 

Su elenco interpretativo con Owen Wilson a la cabeza se entrega de lleno a la oportunidad que les brinda este maestro de los diálogos y las situaciones desconcertantes, con sus personajes ricos en matices, cercanos, complejos, disfrutando cada frase, cada gesto, cada mirada.

 

Con reminiscencias claras a uno de sus trabajos más emblemáticos como es La Rosa Púrpura del Cairo y con una elegante, cálida y preciosista fotografía – un regalo para un excelente técnico como es el iraní Darius Khondji –  sales del cine con una sonrisa en el rostro, con ganas de abrazar a la vida, de luchar en la búsqueda por conseguir tu camino para dar con ese concepto tan ansiado y abstracto como es la felicidad.

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