De la Iglesia sigue en plena forma y mantiene su chispa.

Alex parece que sigue enfadado y parece que a veces ese estado constituye la fuerza para seguir trabajando. A pesar de su semi fracaso de crítica y taquilla con su Balada Triste estrenado hace exactamente un año, el director bilbaíno no ha tardado en finiquitar su último largometraje, ésta vez con un guión original ajeno, curiosamente el de un norteamericano llamado Randy Feldman que tiene en su curriculum el “clásico” de acción Tango y Cash.

A de la Iglesia se le nota tenso, rabioso, indignado y la mejor manera de sacarse de encima tales humos es haciendo su trabajo y poniéndose detrás de las cámaras. No se ha dejado guiar por los prejuicios y muy acertadamente ha conseguido reunir una pareja de actores atípica para que protagonice su melodrama ácido. José Mota y Sandra Hayek cumplen con sus papeles y en sus interpretaciones, sobre todo ésta última quién me ha sorprendido gratamente en su nuevo registro. Después del amargo regusto que me dejó el visionado de su Balada, tengo que decir que con su Chispa, Alex me ha reconquistado y retoma el vuelo alto que llevaba con su filmografía (no he visto Los Crímenes de Oxford).

 Su realización es más concentrada, trasmite bien lo que quiere contar, situándonos a la perfección en el tiempo y en el espacio; prácticamente un sólo escenario y por la noche. La historia nos llega resultar más coherente, bien cerrada, mejor trazada, menos dispersa, juega con los géneros acertadamente; los límites de la comedia y el drama se llegan a tocar tímidamente hasta que al final la tragedia se consuma, como si quisiera hacernos un dedo y demostrar su arrebato de rabia.

Siempre resulta curioso constatar que muchas de las películas españoles de autores importantes suelen dejar espacio para que se paseen una lista de caras conocidas. Como si se estuviese intentando dar trabajo a nuestros actores patrios consolidados para mantener nuestra industria. Pero yo me pregunto ¿no hay más actores solventes que suplan estos roles copados por casi siempre los mismos actores en películas españolas?

 Me hace gracia el despotrique a los medios de comunicación, la crítica sagaz, sonrío con las esperpénticas secuencias y al mismo tiempo me llega el sufrimiento de la esposa dispuesta a proteger a toda costa la unión familiar. Me creo el amor que se respira en esta familia atípica de clase media. Al final sales con la sonrisa en los labios tampoco emocionado, pero esperanzado de que el director de El Día de la Bestia y La Comunidad mantiene su alma combativa y sarcástica. 

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