The Artist, artilugio atemporal e irresistible

The Artist una joyita cinematográfica y por la cual debemos a agradecer a los hermanos Weisntein (aquellos empresarios “piratillas” que huelen dólares a miles de kilómetros, responsables de los Oscars y los éxitos de Pulp Fiction, El Indomable Good Will Hunting, Shakespeare in Love, La Vita é Bella, Chicago, entre otras… a través de su antigua compañía Miramax) que hayan tenido intuición y buen ojo para atreverse a distribuirla en USA y no hayan parado de promocionarla hasta situarla como uno de los fenómenos del año.

 Pero, ¿Revolucionará The Artist el panorama hasta el punto de motivar a los espectadores a ver cine mudo en blanco y negro? Lo dudo, ya que es un film como los de antaño pero hecho hoy en día. El montaje, las interpretaciones, el ritmo… van acorde con los tiempos que corren, donde la industria se ha vuelto mucho más exigente con los productos para que den la máxima rentabilidad en el menor tiempo posible. Todo tiene que ir mucho más rápido.

Film de producción franco-belga, con actores muy poco conocidos hasta el momento, salvo los secundarios de lujo como John Goodman, James Cromwell, o Penelope Ann-Miller, The Artist se sigue de maravilla de principio a fin, te envuelve desde los primeros minutos. Puede que te cueste, aunque sea unos segundos conectar y haya que darle tiempo a tu subconsciente para que registre que estás viendo una obra audiovisual con un formato poco habitual, pero la magia que envuelva la película no tarda en atraparte. Jean Dujardin (célebre en el país vecino por interpretar las películas sobre OSS 177, una especie de versión cómica de James Bond) y Bérénice Bejo (de origen argentino) magníficamente bien caracterizados, desprenden una gran química entre ellos, trasmitiéndonos el gran amor que sienten por su oficio y creyéndonos su irresistible atracción a pesar de que nunca vemos como se besan en pantalla.

 Romance, drama, musical, comedia, géneros que se combinan y entremezclan entre sí sin ningún problema, mientras se nos traslada a una época clave de la historia del cine donde se podría hacer un paralelismo con la época actual donde algunos profesionales se han negado a la evidencia de los rápidos cambios tecnológicos y digitales a la que nos hemos visto sometidos. Si no te renuevas, estás muerto.

 Historia sencillita, si. Obra maestra, no me parece. Pero muy bien contada eso sí y equilibrada en todos sus elementos artísticos. Puede que en algunos momentos se haga un pelín lenta, ya que la trama se vuelve muy previsible, pero el gusto de la realización es tal que no inevitable resistirse al encanto de la película.  Bravo por el atrevimiento de su director Michel Hazanavicius (de abuelos lituanos), director parisiense hasta ahora con una discreta filmografía, por brindarnos esta rareza de la cual sales con una sonrisa y con una estupendas vibraciones. El mundo es de los valientes, dicen. Veremos cuántos más sale a la palestra después de este descaro de prodigio. Por ahora estamos a la expectativa de lo que dará de sí la Blancanieves  de Pablo Berger.

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