Los Descendientes, equilibrio de emociones

Los Descendientes es un paseo por los sentimientos recónditos del ser humano. De la mano de un guión férreo y una potente presencia y cierta contención interpretativa de George Clooney magníficamente secundado por la joven actriz Shailene Woodley, nos adentramos en una aventura, como si fuera una road-movie, para todos los públicos, madura, inteligente, concisa y extremadamente equilibrada en su empeño por conseguir el puro melodrama, hasta el punto en que la historia bordea el tono sentimentalista pero sin nunca decaer en ello. Un relato que se mueve con soltura permanentemente entre el drama y la comedia.

 El guión escrito a seis manos entre ellos su director Alexander Payne (la más conocida que tiene es Entre Copas) tiene la virtud de ahondar en los conceptos del perdón, la muerte y el valor de la familia dejando como el que no quiere la cosa, momentos para la reflexión sobre nuestros ancestros y la herencia que podemos dejar a las generaciones futuras condicionadas por las decisiones que tomemos en el presente. Todo escrito de forma elegante y con el tono adecuado sin caer en las sensiblerías baratas y con una voz en off muy acertada. Vale que tiene algunos flecos sueltos que uno no acaba de ligar muy bien y que puede que no estén suficientemente bien desarrollados. También puede que la razón principal por la cual el personaje de Clooney llega a dar marcha atrás en el tercio final de la película sea un motivo algo menos trascendental que el que estaríamos dispuestos a esperar vendo la evolución del film, pero la carga melodramática durante todo el film es tan intensa, el interés que sientes por las vidas de estos personajes es tan inevitable, que pasas por alto ciertas lagunas transitorias.

Giorgio Il Magnifico cumple sobradamente como padre perdido, desconcertado, superado por la situación en la que se encuentra, pero generoso y con un gran corazón. Es difícil no dejarse seducir por su personaje el cual no costaría llegar a pensar que guarda no pocas similitudes con la persona de George Clooney. Es más parece que no le ha costado gran trabajo construir el personaje de Matt King. Los grandes actores no actúan, no interpretan, no fingen, son los personajes. O eso es lo que nos quieren llegar hacer creer. Su careto a la hora de contener emociones, medio cómico, medio triste, apesadumbrado tampoco es que llegue a tocarte totalmente la fibra, pero si que logra crear cierta empatía e interesarnos por su porvenir.

 La música en sintonía con los paisajes hawaianos dan calidez y restan dramatismo, a una historia ya de por si difícil y desgraciada. Algunos diálogos llenos de ingenio, se te quedan grabados, te hacen sonreír, estimulando tu corazón.

 Los Descendientes es pura sensibilidad, una narración muy bien filmada, con un ritmo interno y tempo casi perfecto, donde sales de la sala con una agradable sensación de vitalidad y equilibrio emocional.

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