Nueva Orleáns en el cine

Regreso ahora de la capital de la Louisiana, una de las ciudades más cinematográficas del mundo. Y ahora, después de recorrer sus calles, comprendo en parte el misterio que despierta en la gran pantalla este cruce de caminos español, francés, creole, sudista y africano.

 Un repaso a las películas que se han rodado en esta localización nos lleva del género policiaco al cine de animación, del clásico al cine de consumo más banal. O del cine de terror palomitero al indie. Las calles de Nueva Orleáns, especialmente las del Barrio Francés, te hacen imaginar cruzarte a Richard Widmark en Pánico en las calles –de la mano del maestro Elia Kazan– o a Bette Davis en Jezabel, una de sus cumbres interpretativas y con una nómina inigualable: William Wyler de director, Henry Fonda de protagonista y John Houston de coguionista .

 La magia de la ciudad hizo capaz de obrar el milagro y hasta un actor tan limitado como Elvis Presley bordó el papel protagonista de King Creole. Claro que tenía enfrente a Walter Matthau. Y a Michael Curtiz tras la cámara. Por cierto, que Elvis ya era una superestrella y el rodaje fue dificultoso, porque cada toma en exteriores congregaba a cientos de fans que hacían cualquier cosa por acercarse a su ídolo. Y cabe imaginarse los dolores de cabeza que causarían al operador de sonido con sus gritos.

 En la sección para los pequeños de la casa, destacar a Don Bluth, una de mis debilidades, con su excelente Todos los perros van al cielo, una película que tuvo un éxito relativo en taquilla, pero que es una de las cintas de VHS más vendidas de la historia. Y La princesa y el sapo, nuevo intento Disney de incorporar el jazz, después de Los Aristogatos, a sus bandas sonoras. Y con su primera ‘princesa’ negra.

 Pero la ciudad tiene un aura misteriosa que la convierte en favorita para el thriller y el terror. Un ejemplo es el de Mickey Rourke, que se consagró frente a De Niro en El corazón del ángel, para luego hundirse en el más lamentable de los ridículos con una cara triturada por la cirugía estética pese al ligero repunte de The fighter. Un Rourke, que por cierto, ya había filmado allí Johnny Handsome, con gran banda sonora de Ry Cooder. 

Otras muestras son El cliente, El informe Pelícano o Querido detective, una pequeña obra maestra de Jim MacBride protagonizada por un gran Dennis Quaid y que tiene como título original The Big Easy, nombre con el que se conoce familiarmente la ciudad. 

En la vertiente fantástica, David Fincher trasladó el relato original de F. Scott Fitzgerald El maravilloso caso de Benjamín Button, que transcurría en Baltimore. Y probablemente acertó. También Mr Pitt es un clásico local: ha rodado allí además Entrevista con el vampiro y ha puesto en marcha un plan de reconstrucción de las barriadas destruidas por la inundación posterior al huracán Katrina. 

Como ejemplos fallidos, deben citarse el remake de La mujer pantera perpetrado por el enorme Paul Schrader (hasta los grandes maestros echan borrones) o el innecesario remake de la ya floja Candyman. También es olvidable la película La Mansión Embrujada de Eddie Murphy basada en una atracción de parque temático. Por no hablar de Drácula 2000

 Otros maestros que han elegido la ciudad para sus historias son Louis Malle (La pequeña, la película escándalo que lanzó a la hoy olvidada sex-symbol Brooke Shields), Oliver Stone (JFK), Kevin Spacey, en su debut como director (Albino Alligator) o Werner Herzog, en su peculiar recreación del Teniente corrupto de Abel Ferrara, en la mejor interpretación de Nicolas Cage en años.

 Por último, el cine indie también ha elegido la Crescent City: Jim Jarmush imaginó a Roberto Begnini y a Tom Waits como fugitivos en Down by Law y Dennis Hopper, en Easy Rider, la madre de todas las películas contraculturales, rodó una secuencia psicodélica en los cementerios.

 Nueva Orleáns tiene magia, no cabe duda. No es casualidad que tantas películas se hayan rodado allí. Y en un recodo, mientras paseas al amanecer por los callejones cercanos a Royal Street (que hace no demasiado tiempo se llamaba Calle Real), imaginas a Marlon Brando aullando en Un tranvía llamado deseo: ¡Stella! ¡Stellaaaaaaaaaaaaaaa! 

Aunque en realidad se filmara en decorados de Hollywood. La magia del cine, supongo.

Por Xavi Granda

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