Uno de los momentos más bochornosos de la historia del cine español

Probablemente hoy tocaba escribir del gran Juan Luis Galiardo. Pero ya lo han hecho más y mejor muchos maestros en otros sitios. El caso es que el estreno esta noche del enésimo engendro de Telecinco, titulado Todo el mundo es bueno, me ha hecho recordar uno de los momentos más bochornosos de la historia del cine español.

La conexión viene de la mano de Manuel Summers, director con un inicio de carrera verdaderamente excepcional y que, ante la poca repercusión en taquilla de sus primeras cintas, se echó en brazos del cine comercial más casposo y cutre que pueda imaginarse. Como ejemplo, la película de cámara oculta (aunque amañadísima) titulada Tó er mundo e güeno, que ha dado pie a esta entrada.

Como comentaba, su primera película es extraordinaria: Del rosa al amarillo cuenta dos historias independientes, rodadas en glorioso blanco y negro, sobre un amor de juventud y un amor otoñal y mereció la Concha de plata del Festival de San Sebastián de 1963.

La niña de luto fue su segundo largo, rodado un año después y en color. También es excelente y por dos motivos fundamentales: por su retrato de la España negra en la que una boda es aplazada por los sucesivos fallecimientos en la familia de la novia y por proporcionar su primer papel “serio” a Alfredo Landa. Había que ser un genio para apostar entonces por un actor completamente encasillado en la españolada y que, incluso, dio nombre al género del landismo. La coprotagonista fue la bellísima María José Alfonso. La película recibió una mención especial en Cannes en 1964.

A continuación, en 1966, rueda El juego de la oca, una película que no he visto, con guión de Pilar Miró y un papelito del recién desaparecido Galiardo. Los protagonistas fueron la gran Sonia Bruno –qué lástima que se retirara tan pronto, podría haberse convertido en una actriz enorme– y José Antonio Amor.

Ese mismo año rueda su tercera obra maestra: Juguetes rotos. Es un documental que, como su nombre indica, recupera la figura de grandes nombres que han pasado al olvido. Futbolistas como Gorostiza, toreros como Vilalta, boxeadores como Uzcudun y cantantes de variedades como Gilbert recuerdan su trayectoria en una cinta desoladora y hermosa.

En 1969 rodaría Urtain. El rey de la selva, o así, una suerte de epílogo con el boxeador vasco que, tristemente, acabaría convertido en otro terrible juguete roto.

El fracaso económico de estas obras maestras provoca que Summers se eche en brazos del cine más comercial. En su primer intento, ¿Por qué te engaña tu marido?, repite con Landa y, pese a basarse en una novela de Fernández-Flórez, el resultado es flojo. Los siguientes títulos, protagonizados por adolescentes, son de vergüenza ajena.

En 1982 Summers descubre el filón de las películas con cámara oculta y Tó el mundo e güeno –que inspira el título del programa que se estrena esta noche– se convierte en un inesperado éxito de taquilla. Creo recordar que se colocó una placa en un cine de la Gran Vía de Madrid, celebrando que era la película (sic) con más éxito estrenada jamás en la famosa calle (se mantuvo en cartelera más de un año)

El éxito propició el rodaje de dos secuelas aún más lamentables, tituladas Tó er mundo e mejó (1982) y Tó er mundo e demasiao (1985), que acabó siendo un fracaso en taquilla, quizá por la reiteración. Recuerdo haber visto una de ellas en un cine de verano, con voz en off del humorista Josele, poniendo voces de Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Manuel Fraga… una experiencia de otra dimensión. En medio, rodó una película de episodios bíblicos titulada La Biblia en pasta, también para olvidar.

Pero es indudable que Summers tenía muchísimo olfato comercial. Visto que el filón de la cámara oculta estaba agotado, había que buscar nuevas vetas. Y el repentino estrellato de Hombres G, el grupo de hijo David Summers, era una ocasión que no podía dejarse escapar: a imagen y semejanza de las gloriosas películas de Richard Lester con los Beatles, se embarcó en 1987 el rodaje de Sufre mamón. La historia es muy endeble, coyuntural y meramente alimenticia y está basada en la historia que relata la canción, mezclada con los entresijos de la formación de la banda.

El éxito comercial fue tal, que se propuso rodar una segunda película un año después, con el delicado título de La cagaste Burt Lancaster, al igual que el segundo LP del grupo. Los representantes del actor de El halcón y la flecha pusieron el grito en el cielo, amenazaron con todas las querellas habidas y por haber y la película se acabó titulando Suéltate el pelo, título de otro de sus hits.

El caso es que Summers solicitó una subvención para rodarla, que le fue denegada. Como recuerda el diario ABC del 8 de marzo de 1988, el director convocó a las fans del grupo a las puertas de la Casa de las Siete Chimeneas, sede del Instituto Nacional de Cinematografía, que se dedicaron a cantarle Sufre mamón a Fernando Méndez-Leite, entonces responsable del cargo.

Además, para rematar la performance, alquilaron un ataúd y se dedicaron a darle vueltas al edificio repitiendo la cancioncita de marras. Como añadido, incorporaron una corona de flores con el lema “El cine ha muerto. Viva el cine de los amigos”. Sin duda, uno de los momentos más bochornosos de la historia del cine patrio. 

Buceando en la hemeroteca he encontrado otra noticia de El Periódico de Cataluña que aclara lo que sucedió: Summers declaró que su filme debía haber recibido automáticamente unos 30 millones de pesetas, ya que su presupuesto era de 116 millones, y añadió que, además, “el ministerio no tiene en cuenta que Sufre mamón fue una de las películas más taquilleras del año pasado [1987]. Las subvenciones se reparten entre amiguetes que hacen películas que no ve nadie y, como yo tengo etiqueta de facha, quedo al margen”. Habría que recordar que por entonces se estrenaron películas gloriosas (y exitosas en taquilla) como El viaje a ninguna parte o El bosque animado.

Por su parte, Méndez Leite declaró a Efe en su momento que el anterior filme de Summers y el grupo “había generado mucho dinero, además de los 52 millones que le adelantó la Administración[leyendo noticias como esta no extraña que una parte de la ciudadanía odie las subvenciones al cine español]. En relación a Suéltate el pelo, Méndez Leite indicó que la subvención “fue rechazada por varios motivos, entre ellos el de que el proyecto no gustó a un solo miembro de la comisión técnica. También se tuvo en cuenta el tratamiento vejatorio hacia la mujer, entre otras cosas”. Finalmente, se consideró que el filme “era un aparato de lanzamiento del grupo, y eso es labor de la productora de discos”.

La película, vista hoy, sólo sirve para ver la nefasta influencia de Miami Vice en la moda española de finales de los 80: los colores fluorescentes queman la retina. La historia muestra a los Hombres G en la cima de su popularidad, con una fan fatal menor de edad que acosa al cantante y una historia de chantaje con Toni Cantó de por medio –quién iba a decir que ahora es uno de los políticos mejor valorados– que no hay por dónde coger.

En 1991, Summers sólo rodaría una película más que, por el título, invita a salir corriendo: El beatio de 2000W. Moriría apenas un par de años después, a los 57 años.  Y siempre me quedará la duda de qué carrera le hubiera deparado si hubieran tenido éxito sus maravillosas primeras películas. 

Por Xavi Granda

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