Dormir en un cine

Todos, alguna vez, nos hemos quedado dormidos en el cine: por cansancio o porque la película era un rollo. Ahora podemos dormir en un cine reformado, con todas las comodidades, y sintiéndonos como una estrella de cine.

El cine Astoria era una de las salas de proyección con más solera de San Sebastián, una de las ciudades con más tradición cinéfila, con un festival decano que arrancó en 1953. Además, su situación céntrica hacía que fuera el típico sitio para quedar, como recuerda el (olvidable) disco de La Oreja de Van Gogh (siendo malvado, como todos los suyos).

La crisis que está barriendo tantos sectores también se llevó a este sitio tan entrañable, pero al menos parte de su espíritu se conserva: desde hace apenas tres años es un hotel de cuatro estrellas con 102 habitaciones con nombres de actores y directores y con una alfombra roja que da la bienvenida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para los mitómanos, en la suite Alfred Hitchcock ha dormido Amenábar, como cuenta el libro Hoteles Insólitos, escrito por David Revelles, con fotos de Óscar Elías y que reúne 53 alojamientos curiosísimos de España y Portugal como faros, cabañas, circos o iglúes (Editorial Jonglez).

Ilustración: Hitchcock en San Sebastián, en 1958, cuando acudió al festival a presentar Vértigo (Fotos del Festival de San Sebastián y El Diario Vasco).

Por Xavi Granda

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