Kubrick, ese cabroncete

Imagina que eres uno de los compositores más reputados de Hollywood y que has firmado la música de obras maestras como Un tranvía llamado deseo, Viva Zapata, Muerte de un viajante, Vidas rebeldes, Cleopatra o ¿Quién teme a Virginia Woolf?

 Imagina que uno de los directores con más talento de la historia, Stanley Kubrick, te llama para que pongas música a Espartaco. Y queda tan satisfecho con el resultado que, ocho años después, te llama para que pongas música a la película que va a revolucionar el género de la ciencia ficción.

 Tú compones la música, la grabas, la ajustas a las imágenes y estás muy satisfecho por el resultado. Te invitan al estreno, te arreglas, vas, comienza la película y ves que el director ha tirado tu trabajo y lo ha sustituido por una música –maravillosa– preexistente.

 Pues eso es lo que le hizo Kubrick a Alex North. ¿Fue un despiste o es que directamente era un cabroncete? North, que era un caballero, no dijo ni mu y, 25 años después, grabó la música en disco. Y pudo tener una última satisfacción en vida: Unchained melody se volvió a hacer un éxito mundial (y a hacerlo inmensamente rico) un año antes de morir, cuando se convirtió en parte fundamental de la trama de Ghost.

 Aquí pueden compararse una y otra, curiosamente muy parecidas:

Y esta es la famosa escena de Ghost, imposible ser más empalagoso:

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