Cuando don Alfredo sacó su fusil

Por Xavi Granda

He devorado en menos de un día las poco más de 300 páginas que Alfredo Landa dictó al gran Marcos Ordóñez hace ahora unos cinco años: se acababa de retirar y dejó que todos los demonios salieran, sin distinguir unos de otros.

 El resultado es un libro crudo, políticamente incorrecto (y por eso muy divertido) y sincero. El gran acierto de Ordóñez es transcribir las conversaciones de tal manera que sientes que el propio Landa te está hablando. Se siente el tono del actor en cada frase.

 El navarro repasa sus orígenes, las reticencias de su familia a que se dedicara a actuar, sus comienzos en el teatro universitario, su salto a Madrid y su iniciación en el mundo del doblaje, sus primeros triunfos de la mano de Jardiel, su debut en Atraco a las tres y el despegue de su carrera, que dio pie al nacimiento del ‘landismo’, una caso único en la historia del cine (no hay otro actor que haya dado nombre a un género). Queda la curiosidad de haberle visto encima de las tablas de un teatro, faceta que abandonó a finales de los 70 y de la que lamentablemente apenas queda constancia excepto algún Estudio 1.

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Uno de los aspectos que más me ha gustado es que Landa no pone paños calientes y se muestra muy crítico con sus fracasos. No duda en repartir alabanzas a compañeros de profesión, directores y productores pero, como es obvio, las partes más divertidas son aquellas en las que se lanza a degüello contra personajes como López Vázquez, Gómez Bur, Berlanga, José Frade o Bódalo (del que confirma que era tan gran actor, tan aficionado al Real Madrid y le importaba tan poco el teatro que se subía al escenario con un pingajillo para escuchar en directo los partidos mientras recitaba el texto). Algunas de las anécdotas con ellos, así como de las de rodajes desastre (por ejemplo Bandera negra, en Guinea Ecuatorial), son antológicas.

 Otro punto interesante es el análisis de su técnica actoral, explicando cómo construía sus personajes, optando por la naturalidad y alejándose del famoso método. Y también detalla el momento en que rompe con su imagen de españolito de a pie del landismo y, gracias a Mario Camus, se consagra como el gran actor que era.

 Las cuitas con Garci y su triste aparición en los premios Goya recibiendo el premio de honor protagonizan el tramo final del libro, con la sensación de que era su canto de cisne. Poco a poco, se fue retirando de la vía pública, hasta su reciente muerte.

Mención aparte merece el gran Ordóñez. Hace años leí por casualidad un libro sobre Álex de la Iglesia, pero fue hace un par de temporadas cuando quedé noqueado por Turismo interior, obra en la que habla a tumba abierta de sus problemas mentales. El año pasado leí también la excelente Tarzán en Acapulco, realidad ficcionada de los últimos días de Johnny Weissmuller en la ciudad mejicana. Y muy recomendable la serie sobre Perico Vidal que publicó en su blog en El País. Tengo pendiente su investigación sobre la vida de Ava Gardner en España, que espero encontrar en alguna librería de viejo. Un gran, gran escritor, sin duda.

alfredo_el_grande__vida_de_un_cmico_medLIBRO

 

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