Elysium: ¿Un mundo súper feliz?

Por Xavi Granda

Hace 10 días que vi la nueva película de Neill Blomkamp y no paro de darle vueltas a la cabeza. Bajo la apariencia de un filme de ciencia ficción y acción, laten múltiples capas que dan mucho que pensar.

 La premisa es tan antigua como el Metrópolis de mi adorado Fritz Lang: estamos en 2154 y unos privilegiados viven en un satélite artificial –curiosamente calcaíto a la nave circular de 2001– frente a la Tierra, donde no dan un palo al agua y se dedican a tomar gin-tonics, no hay enfermedades ni guerras. Mientras, el planeta se consume y la gente vive en macro urbes de chabolas.

Con estos mimbres tan evidentes, y sin intención alguna de ocultarlos, Blomkamp teje una trama marcada por la obsesión de los pobres y los enfermos por escapar a su destino y lograr llegar a ese Elysium que ven flotar en el firmamento a diario. Max Da Costa, interpretado por un gran Matt Damon en una actuación física y a la vez sutil, es un ex convicto que vive en las ruinas de Los Ángeles que es tentado a diario por sus antiguos compinches para que vuelva a violar la ley. Sin embargo, tiene un trabajo honrado en una fábrica a la que acude a diario.

 El nudo se produce cuando Da Costa tiene un accidente por el que recibe una dosis letal de contaminación, por lo que su única opción para vivir pasa por volar ilegalmente a Elysium para curarse. En el camino, recuperará el contacto con un antiguo amor –interpretado por una eficaz Alice Braga– que le implorará que le lleve con él, ya que su hija se está muriendo de leucemia.

 A la ministra de seguridad de la colonia espacial no le tiembla la mano a la hora de aniquilar a los ilegales que tratan de entrar en su paraíso particular: está interpretada por una soberbia Jodie Foster vestida impecablemente de Armani y que hace gala de su dominio del francés. Como brazo ejecutor en la Tierra cuenta con el mercenario Kruger, encarnado por Sharlto Copley, uno de los grandes hallazgos de la cinta y que hace olvidar su lamentable papel de Murdock en la innecesaria Equipo A.

elysiumSharlto

Como comentaba, la película es una parábola que nos muestra realidades tan vigentes como la de los sin papeles que se juegan la vida para llegar a un paraíso que tienen enfrente (basta ver las terribles historias de personas cruzando el estrecho de Gibraltar en balsas de juguete), el acceso a la medicina personalizada y de vanguardia, la alienación de vivir en una megalópolis o las diferencias abismales entre las personas que conviven en este bendito planeta: baste como ejemplo decir que en la misma Ciudad de Méjico se rodaron tanto escenas de chabolas como de mansiones.

Otro de los aciertos de la cinta es la mezcla de idiomas: aunque mayoritariamente en inglés, se escucha a menudo francés y castellano, una imagen del mundo que nos espera, supongo. De hecho, el repaso al cast es un reflejo de la globalización: director y guionista sudafricano, rodaje en Méjico y Canadá, actores estadounidenses, mejicanos (como Diego Luna) y brasileños,  y unos efectos especiales neozelandeses (WETA) y de ILM al servicio de la historia y que no epatan, porque se imbrican en el argumento de manera excepcional.

 En conclusión, una película de 115 millones de dólares que no trata al público como idiota y que da que pensar. Y la confirmación del talento de Blomkamp tras District 9: ha usado el dinero sabiamente y ha creado una ficción que, por desgracia, me parece muy real y vigente.

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