Lección magistral del gran Colin Arthur

Por Xavi Granda

Lamentablemente, en esto del negocio del cine, los técnicos ocupan uno de los últimos puestos del escalafón del glamour, de los focos e, incluso, de los premios, como se puede ver desde hace unos años en la gala de los Oscar. Y, lamentablemente, hasta hace unos días yo no había oído hablar de Colin Arthur, aunque es un tipo afincado desde hace años en Madrid y del que cualquier persona medianamente informada ha visto muchos de sus trabajos, una lista que quita el hipo: 2001, El resplandor, Alien, La historia interminable, Abre los ojos, Hable con ella, Furia de titanes, La hija de Ryan o, lo que es lo mismo, que ha colaborado con Kubrick, Ridley Scott, Petersen, Amenábar, Almodóvar, Ray Harryhausen o David Lean. Casi nada.

El pasado domingo, y gracias a la iniciativa de los organizadores del festival Cryptshow, pude conocer al gran Colin, que impartió una lección magistral con la ayuda de su esposa Sarah Pooley, que sirvió de genial contrapunto de la charla, completando, puntualizando y corrigiendo respuestas. En la actualidad ambos preparan un documental sobre sus carreras, porque ambos forman equipo, iniciada nada menos que ayudando a la creación de los monos de la secuencia inicial de 2001. Eso se llama entrar por la puerta grande en el mundo del cine.

 Anuncios y cortos innovadores

Colin simultanea las películas con el mundo de la publicidad, y el primer ejemplo que mostró fue de este ámbito: un anuncio de una furgoneta rodado en Almería (que simula ser África) y para el que tuvo que fabricar en látex un rinoceronte a tamaño real, tarea que precisó de modelado en barro para el molde de 14 horas diarias durante 23 días. El resultado, premiado en el festival de Nueva York como mejor anuncio, puede verse aquí:

En el divertido making off del spot pudieron verse perturbadoras imágenes, como el momento en que los especialistas entraron por primera vez en el rinoceronte, literalmente por el culo, o cómo el animal se sentaba entre pausa y pausa. “Días después de acabar el rodaje empezó a dolerme mucho la tripa y me di cuenta de todo lo que nos habíamos reído en Almería”, recordó.

El segundo trabajo fue un corto, La higuera, de Alejo Moreno, rodada en Granada en el jardín de Washington Irving, con el árbol animatronic que le da título, diseñado por él, con un bello efecto: los frutos fluorescentes.

Un trabajo del que se siente especialmente orgulloso es el corto El Espantapájaros, escrito y dirigido por Gonzalo Zona en 2003, que aquí puede verse entero:

“Al menos una vez al año ayudo a estudiantes que ruedan cortos”, subrayó. Así que ya saben, si tienen una idea en la que les pueda ayudar este mito del cine, pueden ponerse en contacto con él, su empresa se llama Dream Factory Spain y esta es su web: http://www.dreamfactoryspain.com/

En este corto, en el que incluso tiene un cameo, diseñó otro animatronic, parecido a los de La Historia Interminable, “pero más barato”, con un mecanismo hidráulico que utiliza agua en vez de aceite, lo que elimina los problemas de pérdida de líquido: a veces falla el mecanismo y el aceite pone perdido el vestuario o el decorado, un obstáculo que se salva usando agua, que puede secarse o evaporarse.

“Se rodó en apenas dos días en Paracuellos y tiene lo que pienso que debe tener un buen cortometraje: humor, ser controvertido y tener una historia”, enumeró. El único pero es que la boca del espantapájaros fue imposible de sincronizar con las palabras que emitía el doblador: las pruebas realizadas en su taller con el ‘waldo’ –un casco controlado con infrarrojos– funcionaron, pero al salir a rodar en exteriores, el exceso de luz hizo que los infrarrojos enloquecieran y los movimientos de la boca del espantapájaros fueran incontrolables. Los maestros también se equivocan. Y tienen la honradez de reconocerlo en público.

Uno de los momentos estelares de la clase fue cuando mostró la maqueta original del comepiedras de la adaptación de la famosa novela juvenil de Michael Ende. También explicó su labor en diferentes Expos, como la de Zaragoza (con una gigantesca gota de agua) o la de Hannover, en la que tuvo que envejecer a una modelo de 30 años como si tuviera 130, una metáfora de la esperanza de vida que alcanzaremos. “Cuando la maquillamos como si tuviera 90, nos dijo que se parecía mucho a su abuela y supe que lo estábamos haciendo bien”, bromeó.

la foto (1)

 Reconocer a los maestros

Arthur aprendió de Stuart Freeborn, “un maestro que recuerdo con cariño pero que no es abierto, que no enseña a sus aprendices” y que quiso autorretratarse en el personaje de Yoda.

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Pero su auténtico maestro fue Ray Harryhausen, “un auténtico padre para mí, que disfrutaba con su trabajo” y del que mostró un prop de Simbad y el ojo del tigre que va a empezar a reproducir y, con las ganancias, financiará becas para estudiantes de cine. Además, entregó como obsequio otra reproducción al director del festival Toni Benages y explicó que esta semana rodarán otra de las entrevistas del documental, a Peter Mayhew, el Chewbacca de Star Wars “la persona con los pies más grandes que he visto en mi vida, ¡me tocó cubrírselos de pelo!”

 Proyectos de presente…y de futuro

En la actualidad, Colin trabaja en el remake de Vampyres, escrita por el recientemente fallecido José Ramón Larraz, que se encuentra en fase de postproducción y que ha dirigido Víctor Matellano, responsable de este libro sobre su figura:

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También colabora fabricando animatronics con forma de tiburón para diferentes tiendas de camisetas, como una que está a punto de inaugurarse en Maspalomas. Un perfecto equilibrio entre el cine y otras actividades.

El último ejemplo que mostró fue este anuncio de telefonía de una empresa portuguesa, en la que tuvo que construir una ballena de 15 metros sobre un chasis de camión, lo que le permitía subir hasta 6-7 metros y con un depósito de 200 litros de agua que expulsaba a chorro por el lomo. El realismo del cetáceo era tal, que alguien vio desde un avión el animatronic y pensó que era una verdadera ballena varada en la playa, con lo que los responsables portugueses de recuperación de la fauna se presentaron en pleno rodaje del spot para devolverlo al mar.

 Creaciones con alma, colaboraciones… y Kubrick

 El turno de preguntas fue muy interesante: un asistente, fabricante de títeres, le preguntó por el alma que le pone en sus ingenios y esa falta de alma que se nota en los efectos generados por ordenador. “Spielberg ha elegido rodar las nuevas entregas de Star Wars con el viejo sistema. Hay películas como Avatar, en que los efectos están muy logrados, casi llegan, pero tienen algo ‘metálico’, algo escapa. Es como la comparación entre los mp3 y los discos, que son mucho más cálidos”.

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La siguiente cuestión, planteada por Diego López, el alma mater del excelente fanzine El buque maldito, se centró en La Grieta, de Juan Piquer Simón y la colaboración con el maestro Emilio Ruiz, al que tuve la suerte de conocer hace muchos años en Madrid. Colin narró cómo se solventó una toma muy complicada con esferas a diferentes tamaños, con ese extraordinario manejo de la perspectiva que hizo famoso a Ruiz, y cómo todo el equipo técnico, con hilos muy finos y cañas de pescar, sacaron adelante el trabajo. “En cuanto a nuestra relación, cuando dos técnicos saben lo que hace cada uno, hay conexión y no se necesita hablar mucho”, sentenció.

No me podía ir sin preguntar, y me decidí porque nos contara sobre su relación con Kubrick, con el que trabajó en 2001, Barry Lyndon y El resplandor, donde fue responsable de la escena mítica de la avalancha de sangre que sale de los ascensores.

“La formulación de los 10.000 kilos de sangre fue muy barata: colorante naranja, colorante frambuesa y polvo de batidos a base de celulosa que se usa como espesante”. Yo no lo probaría en casa.

“Kubrick era un perfeccionista, muy recluido con su equipo de cámaras. Y, como trabajábamos en una época previa a internet, nos tuvimos que basar en King Kong como referente para los monos de 2001”. Por cierto, que contó el escándalo que se formó, cuando varios materiales aparecieron en el rodaje de El planeta de los simios, que se rodaba en paralelo, aunque finalmente no aparecieron en pantalla.

La última pregunta fue sobre John Milius, con el que colaboró en Conan. “Se pasaba el día en el rodaje pensando en caza, en barcos, en motos… no se concentraba en el asunto en el que estaba trabajando. Pero, al final, sabe mucho, hace cosas muy buenas”, opinó.

Por último, mostró un efecto del que se siente especialmente orgulloso, procedente de una ignota película paquistaní de 1970, La sangre de José: un caballo sale de la arena (min. 3,40), en una toma que requirió 16 repeticiones, lo que provocó que el equipo se las viera y se las deseara para coger al pobre animal tras cada ¡corten!

Una divertida anécdota para una clase magistral de un genio. Gracias a Cryptshow por la oportunidad y gracias a Colin y Sarah por compartir toda su sabiduría. Y que sea por muchos años más.

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