Elizabeth Peña, la secundaria que nunca fallaba

Por casualidad me entero del fallecimiento de una de mis secundarias favoritas, Elizabeth Peña. En este mundo de luminarias, por desgracia nos quedamos en demasiadas ocasiones con el brillo de actores y directores y, en ocasiones, de guionistas. Los secundarios quedan muy lejos de foco, no digamos nada de los técnicos.

Elizabeth Peña, nacida en 1959 en Nueva Jersey, falleció el pasado 14 de octubre a causa de una enfermedad repentina. Actriz muy versátil, protagonizó una larga carrera de 100 películas y series, en las que supo buscar papeles que se alejaron del estereotipo habitual de actriz latina (la chacha, la amiga fea de la protagonista y, en tiempos no tan alejados, el rostro ‘exótico’ que servía tanto como india, china, esquimal o hindú).

Se formó en el High School of Music and Art and Performing Arts de Manhattan, y debutó en 1979 en El Súper, una película que no conozco, tras protagonizar un montaje de Romeo y Julieta con texto en castellano, adaptado por Pablo Neruda. Apenas un par de años después ya estaba trabajando en un papelito con Peter Bodganovich en Todos rieron, aquella película maldita que el estudio sepultó y malestrenó por un hecho terrible: el asesinato de Dorothy Stratten, una modelo de Playboy que acabó teniendo una relación sentimental con Bogdanovich, que había ideado esta cinta para lanzarla.

En 1986 dio la campanada en Un loco suelto en Hollywood, una comedia de Paul Mazursky, en la que roba todas las escenas a Nick Nolte, Bette Midler y Richard Dreyfuss.

Un año después, en 1987, tiene un recordado papel en La Bamba, la biografía del malogrado Richie Valens (encarnado por Lou Diamond Phillips) en la que coincide con su compañero de estudios Esai Morales.

Ese mismo año entra en la factoría Spielberg, en la hoy un tanto olvidada pequeña obra maestra de ciencia ficción Nuestros maravillosos aliados (Batteries not included), dirigida por Matthew Robbins, y en el que participa prácticamente todo el equipo de Cuentos asombrosos. La película supuso el debut como guionista en la gran pantalla de Brad Bird (que se había estrenado un par de temporadas antes en la citada serie de TV), y con el que Peña forjaría una alianza que se prolongaría durante un cuarto de siglo en numerosos doblajes de películas y videojuegos de Pixar, como la voz de Mirage en Los increíbles.

Con Hume Cronyn y Jessica Tandy.

Desde el inicio de su carrera, Peña compatibilizó de manera magistral su participación en las series de televisión y en las películas. En 1989 se pone a las órdenes de Kathryn Bigelow en Acero Azul, thriller en el que un psicópata acosa a Jamie Lee Curtis, y un año después coprotagoniza junto a Jamey Sheridan la extraordinaria El compromiso de Shannon (Shannon’s Deal). Creada por mi idolatrado John Sayles, la serie televisiva lamentablemente duró un par de temporadas, 11 episodios en total: cuenta las aventuras de un gran abogado de Philadelphia que hunde su carrera y pierde su familia por su ludopatía y tiene que empezar de cero de picapleitos, con Peña encarnando a Lucy Acosta, su fiel y abnegada secretaria (y, en la práctica, socia del bufete). En estos tiempos en los que cualquier serie mediocre es elevada a toda velocidad a la categoría de culto –esa-que-tienes-que-ver-ahora-mismo-para-ser-el-más-molón–, merece muchísimo la pena recuperarla.

En paralelo, rodó con Adrien Lyne La Escalera de Jacob, en la que interpretaba a la pareja del protagonista, un Tim Robbins traumatizado en Vietnam, en un papel en el que se impuso a Madonna, Julia Roberts y Andy McDowell. Curiosamente, en esta cinta coincidió con Vin Diesel, otro compañero de estudios.

Sayles fue, junto con Brad Bird, su otro gran socio: en 1996 la dirigió en esa maravilla llamada Lone Star, una historia sobre espaldas mojadas, en dos planos históricos separados por 40 años de diferencia a los dos lados de la frontera tex-mex, con unos excelsos Chris Cooper (otro habitual de Sayles) y Kris Kristofferson, y que supuso el lanzamiento de Matthew McConaughey. Su extraordinaria interpretación dando la réplica a Cooper le permitió ganar un Independent Spirit Award.

Y, como comentaba, en los últimos 30 años prácticamente no ha habido serie de televisión que no le hiciera un hueco. La nómina quita el aliento: entre otras, Cagney y Lacey, Canción triste de Hill Street, Sigue soñando, La ley de los Ángeles, Más alla del límite, CSI Miami, Navy: Investigación criminal, Sin rastro, Numb3rs, Entre fantasmas, American Dad, Los ángeles de Charlie (2011) o Modern family en la que, por esas genialidades de los responsables de casting, interpretaba a la madre de Sofía Vergara, pese a que apenas se llevan 11 años de diferencia.

Sus últimos papeles en cine han compatibilizado aciertos indies como Transamérica o Tortilla Soup (ese remake chicano de Comer, beber, amar dirigido por la catalana María Ripoll) con películas fallidas como La ciudad perdida (el debut en la dirección de Andy García con guión de Guillermo Cabrera Infante) y superproducciones como Hora punta (haciendo de artificiera), Liberad a Willy 2 o Goool 2. Incluso se atrevió a ponerse tres veces tras la cámara para rodar episodios de diferentes series de TV.

Pero para mí, Elizabeth Peña será siempre esa actriz versátil, que nunca fallaba y que iluminaba la pantalla con su sola presencia, pese a que nunca llevaba ni el mejor vestido, ni era la más guapa, ni era la mejor maquillada.

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