FOXCATCHER: EL PERTURBADO QUE QUERÍA CONQUISTAR AMÉRICA

“Un entrenador es un padre, un entrenador es un mentor, un entrenador tiene un gran poder en la vida del atleta.”

John Du Pont

Vale la pena…

Porque se sustenta en un trío actoral de primer orden, que ofrece interpretaciones de gran altura, cuyos matices y sutilezas, que se desprenden de sus personajes, logran seducirnos, atraparnos e intrigarnos.

Formidable dirección de actores y gran química entre los tres protagonistas, cuyos trabajos por separado representan claramente un peldaño más en sus respectivas carreras, sobre todo en el caso de Tatum y Carrell. El impecable maquillaje y la labor de caracterización juegan evidentemente un gran papel para dotar de verosimilitud y empaque a sus respectivas interpretaciones.

La dirección de Bennet Miller es precisa, rigurosa y pausada. Tres títulos tiene ya en su filmografía (junto a Capote y Moneyball), y podemos constatar que no es un realizador al uso. Intenta buscar su estilo y gusta de ahondar en personalidades complejas y laberínticas. Una impecable puesta en escena y una fotografía turbia y sombría terminan por darle el barniz necesario a este drama psicológico denso y agobiante.

Steve Carrell pasa a sumarse a la prestigiosa lista de actores cuya caracterización y maquillaje supone todo un “tour de force” en su trabajo como actor, dando un paso de gigante en su carrera. Carrell consigue construir un personaje paranoico, esquizofrénico, desequilibrado, acomplejado, inquietante, con demasiadas aristas, cuya mirada, andar y gesticulación nos transmite intranquilidad y escalofríos.

Interesante y acertada deconstrucción del ansiado sueño americano que tanto suele promover los Estados Unidos de América en formato cinematográfico a través de temas como el deporte y los conflictos bélicos. Aquí, el yugo del capitalismo más tenaz y obsesivo se apodera de un alma caritativa y vulnerable cuya única salida reside en el éxito y reconocimiento internacional a través de su disciplina.

FoxcatcherRodaje

Pero…

Adolece de cierto ritmo, sobre todo en la segunda mitad del metraje, y echamos en falta que se desarrollen mejor algunas secuencias para terminar de afinar ciertas motivaciones y actitudes de algún que otro personaje.

Este aparente lastre hace que desconectemos en ocasiones y que la narración pierda cierta fuerza, limitándonos el poder de seducción e hipnotismo de las imágenes para que termine de arrastrarnos hacia un film redondo y desasosegante.

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