American Sniper, El francotirador: el rifle, la Biblia y la bandera

Por Xavi Granda

La nueva película del gran Clint Eastwood nos llega apenas 48 horas antes de los Oscar. Pese a que es candidata a 6 estatuillas, no parece que sea una de las grandes favoritas, aunque ha arrasado en las taquillas estadounidenses. Basada en la historia real del tirador de precisión Chris Kyle, American Sniper es una buena película de guerra, pero no es una gran película. O, al menos, al nivel de Mr. Eastwood.

El guión de Jason Hall, basado en el libro autobiográfico de Kyle, arranca en el momento clave en el que se debe apretar el gatillo, o no. En un ‘flashback’ volvemos a la infancia, que Eastwood despacha con cuatro brochazos: un chaval de Texas que roba una Biblia en misa (que le acompaña siempre) y al que su padre enseña a cazar y a dividir a la humanidad, literalmente, en lobos, corderos y perros pastores.

Tras un intento de convertirse en estrella del rodeo, Kyle decide alistarse cuando ve por televisión cómo dos embajadas estadounidenses en África son voladas por terroristas. Bradley Cooper, que coproduce la película, hace un gran esfuerzo –por desgracia poco creíble– en representar al joven vaquero, aunque según va avanzando la cinta queda patente su esfuerzo físico por asemejarse al personaje real y por meterse en su mente torturada.

El gran fallo de la película es que parece haber sido rodada siguiendo modelos previos: la terrible instrucción de los cuerpos de élite ya nos la contó mejor Stanley Kubrick en La chaqueta metálica e incluso el propio Eastwood en El sargento de hierro.

Durante la preparación, conoce a una chica de la que se enamora y con la que se acaba casando, para enterarse que se va a Irak instantes después de dar el sí quiero. Sienna Miller, de morena, está excelsa en el papel de la sufridora esposa, lejos de sus papeles glamurosos que permiten que luzca su figura. Y no hablaremos de los anecdóticos muñecos que interpretan a sus bebés.

El salto a la zona de combate, que retoma el inicio del guión, es por desgracia demasiado similar a En tierra hostil: el soldado que solo está cómodo sintiendo el zumbido de las balas, y está deseando que acabe su permiso en casa para volver a la primera línea del frente. Y allí, recordamos la película de Annaud Enemigo a las puertas y la lucha entre dos tiradores de precisión que se van buscando en un paisaje en ruinas, en este caso un Marruecos que representa Irak y que es igualito al supuesto Mogadiscio en el que Ridley Scott rodó su Black Hawk derribado.

Esta sensación de suma de pastiches lastra las dos horas y media de duración de la historia. Además, los aspectos morales que se ponen sobre la mesa son tremendos: el enemigo es visto, literalmente, como una bestia salvaje que hay que eliminar, como si fuera un ciervo, y el francotirador, que abate a 164 personas adornado con las calaveras de El castigador es, literalmente, “La Leyenda”.

Los momentos más brillantes son los que unen combate con retaguardia: Kyle tiene un dedo en el gatillo mientras que con la otra mano habla con su esposa por teléfono vía satélite. Conciliar así debe ser dificilísimo. Y, de todas las escenas, me quedo con la tormenta de arena, en la que Eastwood demuestra que es un genio del cine, con secuencias que serán imposibles de apreciar en la pantalla de un teléfono móvil, una Tablet o una televisión, por muy grande que sea. Cine para ser apreciado y disfrutado en el cine.

El final también es desgarrador, enlazando con imágenes reales y música de su viejo compinche de los días del espagueti wéstern Ennio Morricone.

¿Nos regalará Eastwood una última obra maestra? Sus últimos trabajos han sido la agradable –pero olvidable en el acto– Jersey Boys, las fallidas J. Edgar (por un maquillaje imposible) y Más allá de la vida (por la mezcla improbable entre magia y realidad), y la poco creíble Invictus. Por lo que hay que retroceder hasta Gran Torino para encontrar una cinta extraordinaria del intérprete de Harry el Sucio. Nos tiene mal acostumbrados, pero estamos seguros que guarda otra historia maravillosa que contarnos antes de jubilarse. E iremos al cine a verla.

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