CANNES 2015: EL FESTIVAL FRANCÉS SIGUE CUIDANDO SU CINE

La ciudad costera de la Riviera francesa volvió a ser, un año más, el epicentro de la cinematografía mundial. Un pueblo situado en la región de la Provenza que ha cumplido su edición 68 conservando su poderío como festival cumbre que aúna glamur, lujo, clase, negocio y películas. Un lugar donde la última película del director filipino de turno está al mismo nivel que la nueva superproducción de Pixar. Un lugar donde te puedes cruzar tranquilamente por una calle comercial con Frances McDormand o ver salir de una terraza de playa a una leyenda como Woody Allen agarrado del brazo de su mujer Soon-Yi, mientras que algunos metros más adelante las profesionales del sexo hacen la calle atentas a la espera de que algún cliente les haga señas desde su automóvil.

Cannes conserva su encantadora reputación de ser un festival incómodo, ingrato, desorganizado, hostil y, a veces, poco práctico. Entiendo que no debe de ser fácil lidiar con más de 4.000 acreditados de prensa, pero siendo un certamen con una larga trayectoria a sus espaldas sorprende encontrarse con cierta desidia por parte de los empleados de la organización. Lo que compensa tanta anarquía es la experiencia única de descubrir películas que se proyectan por primera vez al público y la sensación de estar en el ojo del huracán de la gran industria del cine.

El nivel de la selección siempre promete, y Thierry Fremaux, delegado general del certamen, siempre se encarga de recurrir a vacas sagradas del festival y reservar alguna joyita. El nivel general no decepcionó, aunque tampoco entusiasmó.

Los asiáticos no faltaron a la cita. Llegó lo último del japonés Hirokazu Kore-Eda, Umimachi Diary (Our Little sister), una historia sobre tres hermanas que se hacen cargo de la hija de su padre recién fallecido, que las abandonó 15 años antes. El director nipón vuelve a demostrar que tiene buena mano para dirigir a actores y filma con sensibilidad y pureza las relaciones familiares del Japón actual. La obra se consideró que estaba un peldaño por debajo de sus anteriores trabajos, De tal Padre, Tal Hijo o Nadie Sabe, ambas premiadas con anterioridad en Cannes. Otra clásica del certamen, también nipona, Naomi Kawase, en las carteleras todavía su preciosidad Aguas Tranquilas, se encargaba de inaugurar la sección Una Cierta Mirada con su último trabajo An. Kawase mantiene su pulso narrativo con extrema sensibilidad y ternura, historias humanas que ahondan sobre el sentido de la felicidad y la relación del ser humano con la naturaleza. Su película habla sobre una mujer de 70 años que intenta convencer a un vendedor de dorayakis, postres tradicionales rellenos de pasta confitada de frijoles rojos, para que la contrate, ya que ella tiene una receta secreta deliciosa para la pasta.

NUESTRA HERMANA AN2

El selecto grupo de películas asiáticas se completó con los trabajos de los chinos Hou Shiao Shien y Jia Zhang-Ke con The Assassin y Mountains May Depart, respectivamente, que obtuvieron acogidas dispares.

El griego Yorgos Lanthimos, que fue premiado en Una Cierta Mirada hace 6 años con Canino, presentaba en Sección Oficial su primer trabajo en lengua inglesa y con un atractivo reparto internacional (Colin Farrell, Rachel Weisz, Léa Seydoux, Ben Whishaw, John C. Reilly), que seguramente habrá sido clave para levantar este arriesgado y desconcertante proyecto con un guión de lo más bizarro y llamativo. The Lobster nos sitúa en un futuro cercano donde todas las personas solteras son detenidas y transferidas al Hotel para que en 45 días encuentren a su alma gemela. Pasado este plazo, la persona será transformada en el animal de su elección. Para escapar a este destino, un hombre huye y se reúne en el bosque con un grupo de resistentes, los Solitarios.

El resultado es notable, y se agradece el salto artístico en la propuesta, pero aunque el film comienza bien y promete, durante el segundo tercio, el relato pierde consistencia y se dispersa en las diferentes subtramas, intenciones de personajes e hipótesis sobre el amor y la soledad en nuestra actual sociedad.

LOBSTER

No tardó en llegar una de las grandes decepciones de esta edición. Gus Van Sant había obtenido la Palma de Oro en 2003 por la escalofriante Elephant, y a pesar de sus últimos resbalones (Tierra Prometida), se esperaba con expectación su nuevo trabajo con McConaughey y Naomi Watts como presencias estelares. El bosque de The Sea of Trees hace referencia al paisaje que se encuentra en las faldas del Monte Fuji, donde la gente desesperada acude a suicidarse. Arthur Brennan es uno de ellos. Cuando piensa que ha encontrado el lugar ideal, ve a un hombre herido y perdido, e invadido por un sentimiento de humanidad irreprimible,  Arthur decide ayudarle.

Al finalizar la proyección se escucharon grandes abucheos en la sala. Y sinceramente, la indignación de los asistentes no es tan descabellada; ñoña, convencional, sensiblera, autocomplaciente, a pesar de su cuidada fotografía y competentes actuaciones, el film no podía ocultar su áurea de telefilm de domingo por la tarde. Impropia de una obra con semejantes artistas detrás. ¡Una pena!

SEA of TREES

Una de las primeras favoritas que surgieron en las quinielas vino de la mano de Todd Haynes (Lejos del Cielo), que no venía a Cannes desde Velvet Goldmine. Su film Carol encandiló a la mayoría de los presentes, aunque es cierto que algunos le achacaron cierta frialdad y distancia en la realización. La soberbia química interpretativa que desprende Cate Blanchett y Rooney Mara traspasa la pantalla y nos deja varias secuencias cargadas de sutilezas y erotismo soterrado. Estamos en el Nueva York de los años cincuenta. Therese, una joven empleada de una gran tienda de Manhattan, conoce a una clienta distinguida, Carol, una mujer seductora, prisionera de un matrimonio infeliz. Tras la magia del primer encuentro, surgen sentimientos más profundos y las dos mujeres deberán enfrentar las convenciones y la atracción que sienten mutuamente. Seguro que escucharemos hablar de ella de cara a la temporada de premios.

CAROL

Algo decepcionante resultó ser el visionado de Maryland (Disorder), incluida en Una cierta Mirada. Está dirigida por la francesa Alice Winocour y protagonizada por dos rostros conocidos como son Diane Kruger y Matthias Schoenaerts (este cada vez más encasillado en su papel de matón introvertido). De vuelta de Afganistán, Vincent, víctima de estrés postraumático, tiene a su cargo la seguridad de Jessie, la mujer de un rico hombre de negocios libanés, en la propiedad «Maryland». A la vez que siente una extraña fascinación por la mujer que debe proteger, Vincent sufre de angustias y alucinaciones. A pesar de la tranquilidad aparente que reina en «Maryland», Vincent presiente una amenaza exterior.

Está bien filmada, las intenciones son loables, su directora se atreve con un “thriller” entre lo político y lo psicológico, sabe manejar el ritmo de la tensión con los elementos que dispone, pero se nota demasiado su esfuerzo por generar nerviosismo e incertidumbre y al final esas sensaciones resultan ser artificiosas. Y uno se pregunta al acabar el film dónde quería ir a parar su directora con todo esto. Parece un ejercicio de estilo sobre el género, poco más.

maryland-disorder-1

El italiano Matteo Garrone también venía con otra obra inesperada bajo el brazo. Rodada en inglés y con reparto internacional, Il Racconto dei Racconti (Tale of Tales) nos adentra en tres cuentos narrados de forma paralela. Tres reinos vecinos con maravillosos castillos en los que reinaban reyes y reinas, príncipes y princesas: un rey fornicador y libertino, otro rey cautivado por un animal extraño; una reina obsesionada por su deseo de tener un hijo …

Interpretación libre de los célebres cuentos de Giambattista Basile, Garrone se marca un film muy alejado de sus anteriores retratos sociales (Gomorra, Reality). La fantasía visual y barroca del italiano dejó indiferente a muchos de los asistentes, pero su apuesta es tan irreverente y soñadora que se agradece su visionado.

TALE OF TALES

El otro italiano a competición, Nanni Moretti, es un clásico experimentado de esta sección. Llegaba con Mia Madre, protagonizada por una estupenda Margherita Buy, vista recientemente en las carteleras con Viajo Sola, y un excéntrico y desatado John Turturro. Moretti logra un melodrama de libro, sumergiéndonos en la vida de esa directora de cine mientras intenta sobrellevar sus problemas familiares. Una mujer que se cuestiona su compromiso como artista y que debe enfrentarse a las angustias de su vida privada: su madre hospitalizada y su hija atravesando la crisis de la adolescencia. Moretti posee un gran talento en la construcción de diálogos, el ritmo narrativo y en fundir el llanto y la risa. Le sale una obra muy redonda y compacta. ¡Bravo!

MIA MADRE

El tercer italiano en liza es otro curtido cineasta, reciente ganador del Óscar a la mejor película extranjera por La Gran Belleza. Paolo Sorrentino, con Youth, también decide rodar en inglés con otro reparto de estos imponentes (Michael Caine, Jane Fonda, Rachel Weisz, Harvey Keitel) para contarnos la historia de dos viejos octogenarios, compositor y director de orquesta, que disfrutan de las vacaciones en un elegante hotel al pie de los Alpes. Saben que no tienen mucho tiempo y deciden enfrentar el futuro juntos. Como siempre, Sorrentino dividió a la crítica, aunque el que salió mejor parado fue Michael Caine.

YOUTH

La apuesta “mainstream” del Festival venía con Sicario de la mano de uno de los directores de moda, Denis Villeneuve (Prisioneros). Producción sobre el narcotráfico en la zona fronteriza entre Estados Unidos y Méjico, que se avista como un cruce entre Traffic y La Noche Más Oscura, y con un elenco de peso: Emily Blunt, Josh Brolin y Benico del Toro. No sería extraño verla en las quinielas de los Óscar a finales de año. Hay que destacar la fotografía del maestro Roger Deakins (Invencible, Skyfall).

SICARIO

Hay que poner especial atención a uno de los títulos que podría ser una de las revelaciones del año, Son of Saul de László Nemes, director húngaro que sobrecogió al personal con su ópera prima sobre el holocausto judío.

SON of SAUL

El Festival quiso dar a conocer el previsible buen estado del cine francés seleccionando seis films a competición, tres de ellos estaban dirigidos por mujeres, un gesto que le honra teniendo en cuenta el rol secundario que siempre juegan en esta industria: La Loi du Marché de Stéphane Brizé, La Tête Haute de Emmanuelle Bercot, Mon Roi de Maïwenn, Marguerite et Julien de Valérie Donzelli, Valley of Love de Guillaume Nicloux y Deephan de Jacques Audiard. Además se otorgó la Palma de Oro honorífica a la realizadora belga Agnès Varda, primera mujer en conseguirla, y que se viene a sumar al selecto grupo compuesto por Woody Allen, Manoel de Olivera, Clint Eastwood y Bernardo Bertolucci. 

Agnes_Varda_2bis1

Mientras tanto, fuera de competición se pudo comprobar que Pixar regresaba por la puerta grande con Inside Out (Del Revés), Woody Allen con Irrational Man, sigue con su frenético ritmo de filmar una película por año, casi siempre con resultados más que aceptables; se pudo ver la gran apuesta del cine francés por la animación con la nueva adaptación del clásico de El Principito; y, cómo no, una de las bombas de La Croisette fue la llegada de Tom Hardy y Charlize Theron con Mad Max Fury Road, toda una oda al cine de acción, recuperando la esencia de ese universo postapocalíptico que creó el australiano George Miller en los 80, pero adaptado a los nuevos tiempos y llevando a cabo un espectáculo de primer orden como pocas veces se recuerda.

MAD MAX

Finalmente, el palmarés refleja que el jurado presidido por los hermanos Coen quiso premiar las propuestas audaces y estimulantes de films como Son of Saul, la producción de artes marciales The Assassin y la osada The Lobster. El joven Michel Franco, con el premio al mejor guión por Chronic, se erigió como estandarte del nuevo cine mejicano. Pero sobre todo, los miembros del jurado quisieron ser complacientes con el cine del país que acoge el festival y repartió premios, más que discutidos, entre aquellos títulos franceses que estuvieron por debajo de las expectativas, premio de interpretación masculina y femenina incluidos, siendo el colofón final con la Palma de Oro para Deephan, del más experimentado de los realizadores franceses nominados. Una historia sobre una familia de inmigrantes de Sri Lanka que huyen a París con la esperanza de obtener asilo político.

DEEPHAN

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