La verdad duele: el deporte profesional mata

Por Xavi Granda

Will Smith quiere mostrar al mundo que es un buen actor. Y trabaja duro para lograrlo. La verdad duele, su nueva película, es un buen ejemplo: una historia real, un acento complicado de imitar –de Nigeria, nada menos–, un héroe tan íntegro que acaba siendo irreprochable… Todos los ingredientes están ahí, pero la salsa no acaba de ligar del todo, aunque la película es estimable.

Algún día habrá que hablar largo y tendido de los cambios de los títulos. En ese caso, el original Concussion (conmoción cerebral) se convierte en La verdad duele. Una verdad que es destapada por un patólogo forense llamado Bennet Omalu, inmigrante nigeriano que trabaja en Pittsburgh. Esa ciudad industrial, golpeada por la crisis y paro (especialmente siderurgias y acerías que cerraron en los 80), volcó toda su frustración en el equipo local de fútbol, los Steelers (los acereros). Y recortó todo tipo de servicios sociales y sanitarios para construir un nuevo y gigantesco estadio (creo que esta historia la he escuchado varias veces).

Se nos presenta al personaje de Omalu como un profesional que trabaja con los muertos con un infinito respeto, a los que susurra y ruega que le “ayuden” a conocer los motivos de la muerte de cada uno de ellos. Y la casualidad le trae el cadáver de Mike Webster, “Iron Mike”, mítico jugador local, que ha sufrido un extraño tipo de demencia. Por cierto, la transformación de David Morse es asombrosa.

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El análisis del cerebro de Webster demuestra que había sufrido decenas de miles de golpes. Estos provocaron la aparición de proteínas que causaron cambios cerebrales que originaron la demencia, una enfermedad que Omalu bautizó como encefalopatía traumática crónica (CTE en sus siglas en inglés). El hallazgo fue publicado en Neurosurgery, una prestigiosa revista científica (aquí puede leerse el artículo, en inglés).

Toda la película gira en torno al personaje de Smith: es un hombre íntegro que está deseando ser más americano que los americanos. Paga de su bolsillo la investigación para continuar su trabajo. Por supuesto, va a misa cada domingo (y allí conoce a su futura esposa, otro dechado de virtudes). Y luchará contra viento y marea para demostrar los daños cerebrales irreversibles del fútbol profesional, como un pequeño David, contra la todopoderosa NFL, la liga deportiva más poderosa del mundo. Basta ver el show que acaban de montar (y montan cada año) con la Superbowl.

Se nota que Smith ha trabajado a fondo su personaje, seguro que ha clavado el acento y los gestos de Omalu. Pero, como no es una figura ‘popular’, no acaba de ser importante. Lo que sabemos perfectamente, ojo que no es “spoiler, es quién acabará venciendo.

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Lo mejor de la película es el reparto de extraordinarios secundarios. Además, de la ya citada portentosa transformación de Morse, Alec Baldwin se come con patatas a Smith en un par de escenas. Y uno recuerda aquella prodigiosa escena de Glengarry Glen Rose (y se pregunta por qué no exploró esa senda, que le habría consagrado como un actor sublime).

Albert Brooks clava sus tres minutos de aparición y Arliss Howard –hace cuántos años lo vimos en La chaqueta metálica– también cumple con creces. Los fans de Paul Reiser puede que no lo reconozcan, maquillado para parecerse a un médico real. Gugu Mbatha-Raw da la réplica como compañera de Smith, en un papel poco lucido.

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Dirige Peter Landesman, que también ha escrito el guion, basado a su vez en un artículo en la revista GQ. En el pasado fue reportero de guerra en Ruanda, Kosovo, Afganistán y Pakistán y sus películas están muy marcadas por el periodismo: hace poco más de un año pudimos ver la estimable Matar al mensajero, de la que escribió el guion.  Y, cuando escribo estas líneas, me doy cuenta que el patrón de ambas películas es muy similar: la persona recta y honrada que lucha contra el sistema, a capa y espada.

Pero toda la película, producida por Ridley Scott, gira en torno a Smith, lo que deja poco margen para el director. Y lo mismo se puede decir de la banda sonora, que mezcla soul cremoso con algunas gotas de funk y la partitura original de James Newton Howard: suenan los previsibles violines y piano cuando llega el esperado alegato final. Todo se ve venir a kilómetros, como una película de sobremesa. Y es una lástima, porque el tema es interesante, aunque no te llamen la atención ni el deporte, ni la medicina.

The American Can, el siguiente proyecto de Smith, basado también en una historia real, le llevará a encarnar a un marine que salvó la vida a 200 personas tras el huracán Katrina. Posteriormente, volverá a ser un superhéroe en Suicide Squad y retomará por tercera vez el papel de Mike Lowrey en Bad Boys (se habla incluso que habrá una cuarta entrega). Y seguirá reventando taquillas, siendo el as de la promoción que acude a todas las alfombras rojas y cumpliendo años (ronda los 50), intentando reivindicarse como un gran actor. Y me temo que no lo logrará, aunque nunca se sabe…

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