QUE DIOS NOS PERDONE: THRILLER DE ACCIÓN POLICIACO EN EL MADRID DEL 2011

Nos da la sensación que el cine español está viviendo una revitalización del “thriller” policiaco como género cinematográfico, amparado en gran parte por las dos grandes potencias mediáticas de este país, que son Atresmedia y Mediaset, y que a día de hoy son los motores principales capaces de intentar generar una industria del cine.

No Habrá Paz para los Malvados, Grupo7, El Niño, La Isla Mínima, El Desconocido, Cien Años de Perdón o, recientemente, Toro son ambiciosas producciones construidas a partir de premisas sencillas pero seductoras, basadas en libretos escritos por reputados guionistas que coquetean con el cine negro o el “thriller” de acción, y con una fuerte carga de crítica social y política. A este cóctel se suele sumar un reparto lleno de nombres solventes y reconocidos, y un director que ya ha sabido demostrar su valía en anteriores largometrajes detrás de las cámaras.

A finales de este año, tendremos en la cartelera Que Dios nos Perdone, escrita y dirigida por Rodrigo Sorogoyen, quien llamó la atención del sector más cinéfilo con su anterior y modesto filme Stockholm. En esta ocasión se vuelca en un cine de mayor escala y cambia totalmente de género; un “thriller” urbano que nos traslada al caótico Madrid del verano del 2011, donde nos encontramos en plena crisis económica, con el Movimiento 15-M en auge y con un millón y medio de peregrinos que esperan la llegada del Papa. En este contexto, los inspectores Velarde y Alfaro, dos policías con personalidades muy opuestas, deberán unirse para atrapar a un asesino en serie. Pero en esta búsqueda a contrarreloj, ambos se darán cuenta que ninguno de los dos es tan diferente del asesino…

La película está protagonizada por Roberto Álamo y Antonio de la Torre, en los papeles principales, y junto a ellos encontramos a secundarios de lujo como Luis Zahera, Raúl Prieto, María de Nati, María Ballesteros, José Luis García-Pérez, Mónica López, Rocío Muñoz-Cobo, Teresa Lozano, Francisco Nortes y Andrés Gertrúdix.

“Buddy cup”, grandes angulares, cámara al hombro y diversas localizaciones de la capital son algunos de los ingredientes que se juntan para intentar ofrecernos un trepidante filme de acción, y que nos prometen una trama alambicada y algún que otro giro de guión.

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