FESTIVAL DE CANNES 2016: Un lujoso certamen con presencia española que recupera grandes nombres del pasado

Un año más el Festival de cine más importante del mundo no baja en ningún momento la guardia para intentar mantener su prestigioso nivel de selección, reuniendo los últimos grandes trabajos de aclamados cineastas, aunque siempre dejando espacio para esos nuevos visionarios que buscan en Cannes una plataforma para consolidarse como directores de referencia del panorama cinematográfico. Teniendo en cuenta el maratón de visionados que se realiza durante diez agotadores días, el excesivo metraje de algunos filmes desafió la paciencia de muchos de los asistentes de la prensa especializada. Aún así, la recepción general de los títulos exhibidos fue más que notable.

La presencia española en el glamuroso certamen francés suele ser prácticamente anecdótica, pero este año, aparte de la presencia de Almodóvar, cuya Julieta gozó de aplausos y ovaciones, destacó también La Muerte de Luis XIV del vanguardista Albert Serra, protagonizado por la figura icónica del cine francés Jean-Pierre Léaud. En el apartado actoral, tampoco podemos olvidarnos de la participación de Alex Brendemühl en la producción francesa Mal de Pierres, al lado de Marion Cotillard o Javier Bardem, también muy bien acompañado, dándole la réplica a Charlize Theron en The Last Face, el cuarto filme de Sean Penn como director. Película que por cierto recibió todo tipo de “lindezas” por parte de la crítica, considerada para muchos una de las peores películas vistas en La Croissette en años. Pero donde de verdad se vio el triunfo del cine español fue en las secciones paralelas: Timecode, el cortometraje del curtido Juanjo Giménez, se alzó con la ansiada Palma de la sección, mientras que en la Semana de la Crítica, el gallego afincado en Marruecos, Oliver Laxe, se llevó el gran premio por su narración de un viaje místico por las montañas del Atlas en Mimosas.

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En la Sección Oficial, Café Society de Woody Allen abrió la veda del prestigioso listado de nombres venerados que ya forman parte de la familia de Cannes; se sucedieron los trabajos de los abanderados del cine independiente norteamericano como Jeff Nichols, historia de amor interracial en Loving; y Jim Jarmusch, con Paterson, una de las más aclamadas; los hermanos Dardenne, que decepcionaron con La Fille Inconnue; Cristian Mungiu (Bacaulaureat); Ken Loach, un clásico que obtuvo una Palma bastante complaciente y consensuada con I, Daniel Blake; el iraní Farhadi, difícil que vuelva a alcanzar las cotas de calidad de su obra maestra Nader y Simin, una Separación, y cuyo filme, The Salesman, se llevó un par de premios. Por otro lado, teníamos la obra de Park Chan-wook, Ahgassi, cineasta referente desde hace una década del nuevo cine asiático, el jovencísimo quebequés, y niño mimado del Festival, Xavier Dolan con Juste la Fin du Monde, con un reparto de estrellas francesas, o Brillante Mendoza, el –único– director filipino más internacional, y cuya inexperta actriz fue galardonada con el premio de interpretación por Ma’Rosa. Todos estos autores ya sabían lo que era ser premiado por el Festival de la Costa Azul.

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Tampoco podemos olvidar la –eterna– cuota francesa, representada esta vez por Bruno Dumont, y su disparatada comedia absurda Ma Loute; Olivier Assayas, dirigiendo a su nueva musa Kristen Stewart en Personal Shopper, que fue abucheada al término de la proyección; Alain Guiraudie, rozando el límite de la transgresión en Rester Verticale; y la actriz, guionista y directora Nicole Garcia. Esta última, responsable de la irregular Mal de Pierres, era la realizadora más veterana del selecto grupo de mujeres directoras que presentaban sus obras, compuesto por la británica Andrea Arnold (larguísimo filme que se marcó con American Honey) y la alemana Maren Ade, cuya obra Toni Erdmann fue una de las sensaciones de la edición por su refrescante tono tragicómico.

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El cine brasileño, cuyo país está bajo el foco de los medios con la celebración de los próximos JJ. OO. y el reciente “impeachment” de la presidenta Rousseff, vino representado por la excelencia en pantalla de Sonia Braga (El Beso de la Mujer Araña, El Principiante) en Aquarius, dirigida por Kleber Mendonça Filho. Mientras que la audiencia estuvo expectante y afilándose las garras ante la nueva y polémica propuesta del danés Nicolas Winding Refn, The Neon Demon, que no dejó muy buenas sensaciones con su anterior Only God Forgives, y cuyo Drive se divisa como un accidente en su filmografía. Aunque una de las citas más esperadas era el regreso, tras 24 años con Instinto Básico, del cineasta holandés Paul Verhoeven, con el drama Elle, protagonizado por la enigmática musa del cine francés Isabelle Huppert (Amour, La Pianista). Película que a buen seguro dará bastante que hablar cuando llegue a las pantallas comerciales.

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