Passengers: lo que pudo ser y no fue

Por Xavi Granda

Una historia original (no adaptada de un libro, cómic o atracción de parque de atracciones), dos de los actores más reputados, un director en ascenso, un presupuesto holgadísimo, música del siempre solvente Thomas Newman, gran diseño de producción, espectaculares efectos especiales… Passengers lo tenía todo para ser una película extraordinaria y se queda en una buena película (que no es poco). Pero el balance final es agridulce.

La premisa, como comento, es muy atractiva: la nave espacial Avalon viaja a un planeta lejano para colonizarlo. Lleva a más 5.000 pasajeros, que dormirán hibernados durante 120 años y despertarán apenas unos meses antes. Sin embargo, un impacto de asteroides provocará que la cápsula del mecánico Jim –el solvente Chris Pratt– se abra. Tras un largo periodo de soledad, optará por la discutible decisión de despertar a otra pasajera, una escritora –impresionante Jennifer Lawrence– para que le haga compañía. Que se llame Aurora, como La Bella Durmiente, explica bien cómo se ha construido  el personaje.

Es difícil hablar de la trama a partir de ahora sin hacer spoilers, pero baste decir que tras un planteamiento y un nudo tan interesante, es una lástima que el guion de Jon Spaits (Prometheus, Doctor Extraño) opte por el camino del blockbuster y grand-finale a gusto del público. De hecho, hace apenas un par de meses los actores fueron convocados para refilmar algunas de las escenas.

Aun así, si nos quedamos con la excelente química de ambos (y por la buena noticia de que ella ha cobrado casi el doble que él), demuestran ser grandes actores; es complicado llevar el peso de casi dos horas y salir airosos, ya que el resto del reparto apenas aparecen de manera anecdótica unos minutos en pantalla.

Destaca también el apabullante diseño de producción, que reconvierte esas pesadillas flotantes que son los cruceros en una nave espacial, con decorados que nos recuerdan ecos de Kubrick (asombra que las naves de 2001 sigan imbatidas, pese a los avances de los efectos, y el inquietante bar de El resplandor sigue dando muy mal rollo), de Alien, de Naves silenciosas… Y ojo a los efectos especiales, principalmente al manejo del agua de la piscina en ausencia de gravedad.

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En resumen, un espectáculo disfrutable y una oportunidad perdida. Pero que los grandes estudios sigan haciendo películas como estas, acabará apareciendo una obra maestra.

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